23 de septiembre 2008 - 00:00

Empresarios salieron a apoyar señal argentina a los mercados

«Positivo, muy importante y una buena señal para los mercados». Así calificaron muchos empresarios, al menos «on the record», el anuncio de la Presidente respecto de volver a negociar con los holdouts. Sin embargo, con el grabador apagado y a condición de que no se citen sus nombres, varios de ellos expresaron no pocas dudas respecto de la medida.

Juan Carlos Sacco, secretario de la Unión Industrial Argentina (UIA), afirmó que «si la medida redunda en el bien del país, bienvenida sea. Creo además que es una buena señal para los inversores». El empresario gráfico expresó además que «si a uno le ofrecen una rentabilidad anual exagerada no puede aducir después que lo sorprendieron en su buena fe; pero de todos modos era una cuenta pendiente -en más de un sentido- que había que tratar de solucionar».

  • Positivo

  • Por su parte, Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, afirmó que «es un anuncio positivo; sumada a la decisión de pagarle al Club de París, la medida demuestra el interés de la gestión de Cristina de Kirchner de reinsertar al país en el mercado financiero internacional». El dirigente agregó que «marca la voluntad de facilitarles a los privados el acceso a créditos a plazos más largos y en condiciones más razonables que las actuales». De la Vega, en cambio, descartó que el tercer paso de esta escalada sea volver a negociar con el Fondo Monetario Internacional: dijo que «con el Fondo hay muchas discrepancias muy profundas que no parece vayan a ser saldadas en el futuro cercano».

    A su turno, Alberto Sellaro, presidente de la Cámara del Calzado, sostuvo que «se sabía que a la larga habría que pagarles, pero este pago llega tras un período de gracia autoimpuesto de cinco años. Estaba claro que el país no iba a zafar de los fondos buitre, si éstos cuentan con el apoyo del gobierno de Estados Unidos. Había que dar una señal positiva, y más en el contexto en que lo hizo Cristina de Kirchner, porque los presidentes van a Nueva York a vender imagen». Concluyó diciendo: «Mejor esto que afrontar juicios durante décadas, que a la larga perjudican al país».

    Desde Nicaragua Roberto Domenech, representante de la poderosa COPPAL (alimentarias) en la «mesa chica» de la UIA, declaró que «es muy positivo que el gobierno vaya cerrando los conflictos que arrastra; creo también que es una señal positiva para atraer a posibles inversores en la Argentina, y está en línea con lo que esperábamos de esta nueva gestión presidencial: una nueva relación con el mundo». El empresario avícola,sin embargo, advirtió: «Habrá que ver cómo se negocia con esta gente; desde ya, me parece que no se les podrán dar las mismas condiciones que recibieron quienes desde el primer día se avinieron al plan canje propuesto por el país...».

    De algún modo los empresarios que aceptaron charlar con este diario (otros se negaron de plano, entre ellos el habitualmente locuaz José Ignacio de Mendiguren) representan a casi todo el espectro del empresariado argentino: pymes, grandes empresas, comercios, industrias. Sin embargo, fuera de micrófono tres encumbrados hombres de negocios expresaron sus prevenciones al plan esbozado ayer por Cristina de Kirchner.

    Uno de ellos -un poderoso industrial que conserva la propiedad de su empresa- fue lapidario: «No quedaba otro camino: si se le paga al Club de París con reservas ya no se podía esgrimir el argumento de que esas reservas no son del gobierno sino del Banco Central; a partir de ese momento los bonistas podrían reclamar ante los tribunales que tambiénse les pague con las reservas del Central, y hubiera sido un desastre». El empresario dijo además ser «escéptico» respecto de los efectos del anuncio: «No me parece que vaya a cambiar nada.»

  • Enfasis

    Otro empresario y dirigente -de estilo enfático- casi gritaba: «La primera decisión del gobierno, de no negociar, yo la banqué a muerte: era un 'nunca jamás'. Hoy se trata de una decisión política; es mucha plata la que hay que pagar pero a 'mil' años y a menos tasa, y entonces ¿no podemos afrontar una deuda de mil, mil doscientos millones de dólares anuales? A cambio de eso, volvemos a estar en el mundo».

    De todos modos, en la UIA aguardan con mayor interés el regreso de la Presidente que los anuncios de su periplo neoyorquino: cuando vuelva está previsto que se reúnan los máximos mandos de la central fabril con quien designe la mandataria para discutir el plan que le presentaron el jueves pasado, cuando visitó la sede de la entidad. Allí -en una parte del discurso de Juan Carlos Lascurain, presidente de la UIA, que los asesores de Cristina K le pidieron que no leyera en público- se le explicaba que el costo fiscal de las medidas que pedía la UIA rondaban los u$s 8.000 millones.
    Ese monto se sufragaría con la tasa de estadística sobre las exportaciones, por la que ingresan ( según los cálculos de la UIA) unos u$s 7.000 millones anuales. La Presidente -que obviamente contaba con el discurso de Lascurain de antemano- dijo que las cuentas no le cerraban, y que quería más tiempo para pensarlo. De ahí que el dirigente metalúrgico obviara todo el párrafo. ¿Estará en condiciones el Estado de privarse de ese ingreso, sobre todo cuando parece dispuesto a hacer frente a deudas que ni siquiera se pensaba renegociar?
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