Empresarios salieron a apoyar señal argentina a los mercados
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De algún modo los empresarios que aceptaron charlar con este diario (otros se negaron de plano, entre ellos el habitualmente locuaz José Ignacio de Mendiguren) representan a casi todo el espectro del empresariado argentino: pymes, grandes empresas, comercios, industrias. Sin embargo, fuera de micrófono tres encumbrados hombres de negocios expresaron sus prevenciones al plan esbozado ayer por Cristina de Kirchner.
Uno de ellos -un poderoso industrial que conserva la propiedad de su empresa- fue lapidario: «No quedaba otro camino: si se le paga al Club de París con reservas ya no se podía esgrimir el argumento de que esas reservas no son del gobierno sino del Banco Central; a partir de ese momento los bonistas podrían reclamar ante los tribunales que tambiénse les pague con las reservas del Central, y hubiera sido un desastre». El empresario dijo además ser «escéptico» respecto de los efectos del anuncio: «No me parece que vaya a cambiar nada.»
Otro empresario y dirigente -de estilo enfático- casi gritaba: «La primera decisión del gobierno, de no negociar, yo la banqué a muerte: era un 'nunca jamás'. Hoy se trata de una decisión política; es mucha plata la que hay que pagar pero a 'mil' años y a menos tasa, y entonces ¿no podemos afrontar una deuda de mil, mil doscientos millones de dólares anuales? A cambio de eso, volvemos a estar en el mundo».
De todos modos, en la UIA aguardan con mayor interés el regreso de la Presidente que los anuncios de su periplo neoyorquino: cuando vuelva está previsto que se reúnan los máximos mandos de la central fabril con quien designe la mandataria para discutir el plan que le presentaron el jueves pasado, cuando visitó la sede de la entidad. Allí -en una parte del discurso de Juan Carlos Lascurain, presidente de la UIA, que los asesores de Cristina K le pidieron que no leyera en público- se le explicaba que el costo fiscal de las medidas que pedía la UIA rondaban los u$s 8.000 millones.
Ese monto se sufragaría con la tasa de estadística sobre las exportaciones, por la que ingresan ( según los cálculos de la UIA) unos u$s 7.000 millones anuales. La Presidente -que obviamente contaba con el discurso de Lascurain de antemano- dijo que las cuentas no le cerraban, y que quería más tiempo para pensarlo. De ahí que el dirigente metalúrgico obviara todo el párrafo. ¿Estará en condiciones el Estado de privarse de ese ingreso, sobre todo cuando parece dispuesto a hacer frente a deudas que ni siquiera se pensaba renegociar?



