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La ocurrencia empresarial poscrisis fue acudir a los científicos y tecnólogos para que, en lugar de traer fármacos, agroquímicos, software (programas informáticos) o tecnología de afuera, los generasen en el país.
• Objetivos
«Las cifras muestran que a partir del segundo semestre del año pasado, se incrementa notablemente el otorgamiento de estos créditos a las empresas, todos los cuales apuntan a innovaciones, no al cambio de una máquina vieja por una nueva, sino a la generación, a la innovación», explicó en diálogo con este diario el científico y titular de la Agencia de Promoción Científica, Lino Barañao, (fue padre de «Pampita», el primer ternero clonado de la Argentina).
Uno de los centros científicos, receptor de pedidos empresariales, es el de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
«En el último año se incrementó la tendencia ya creciente desde 2003, de consultas y asistencias técnicas efectivas por parte de la facultad a empresas y organismos públicos», explicó Ariel Langer, secretario de Investigación de la FCEN.
«Las principales áreas donde ocurre este fenómeno es en industria química (como tratamiento de materiales cerámicos y plásticos); salud e industria farmacéutica, alimentos, computación, geología», resaltó el científico.
Una de las grandes promesas es el desarrollo de software, sostenida como ejemplo de los logros alcanzados por la India, que llegó a exportar u$s 10.760 millones en 2002/'03.
«El grupo que más creció es el del soft, donde se encuentran nichos peculiares como el de la seguridad. Por ejemplo, un grupo argentino desarrolló programas informáticos para administrar bancos y se exportó a toda Latinoamérica», aseguró Barañao y agregó: «Los casos exitosos van desde una cosechadora de aceitunas que hoy se exporta a Australia hasta insumos para la industria del queso o vacunas para el salmón».
Otro caso, es el de una empresa santafesina que desarrolló un aparato de control de presión de neumáticos que funciona de manera autónoma y directa, que mantiene la presión constante internamente.
En la FCEN se creó una «incubadora de empresas», donde trabajan en general científicos jóvenes, con mucha iniciativa.
• Robot futbolista
Una de las firmas «incubadas» logró el desarrollo de un robot, al que bautizó con el nombre cheBot, con distintas funciones, entre ellas, jugar al fútbol o reemplazar al hombre en tareas difíciles o de alta peligrosidad, que se comercializa con éxito.
«Además del fútbol, el cheBot se está probando en tareas de riesgo como las de la policía o de los bomberos. En cuanto a lo deportivo, la Argentina ganó 2 años en los mundiales de fútbol robot en Corea y Austria, compitiendo con monstruos de la tecnología. Aunque parezca imposible, esto está empezando a funcionar en el país», aseguró Gabriel Petry, comercializador del desarrollo.
La clonación en la Argentina, nació en uno de estos centros, con la finalidad de lograr una vaca que en su leche produjera una hormona para evitar el enanismo. «Ese proyecto ya salió», advirtió Barañao.
Entre los productos terminados, que se utilizan a nivel local y además, se exportan, se encuentran los insumos para la industria petrolera -como las válvulas para pozos-y hasta para la motomecánica.




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