La gran diferencia entre lo sucedido este fin de semana y lo acontecido -por caso- en la temporada alta de enero fue la actitud de los pasajeros. En verano, una enardecida multitud copó el hall central de Ezeiza y poco menos que destruyó los mostradores de Aerolíneas Argentinas, por los atrasos de sus vuelos a Madrid y a Miami. Este fin de semana, si bien hubo numerosas y duras quejas por los atrasos y la falta de «atenciones» (hoteles, comidas, refrigerios) a los afectados, en ningún caso se llegó a la violencia física.
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En enero la línea chequeaba sus vuelos en la nueva terminal, que también utilizan todas las demás aéreas que parten desde Ezeiza: los mismos pasajeros (muchos de ellos extranjeros) impidieron por entonces la salida de vuelos de otras compañías. Por eso, las operaciones de arribo y partida de Aerolíneas fueron mudadas a la Terminal 1 del aeropuerto internacional -donde hoy permanecenjustamente para evitar que conflictos como el de enero afecten a los demás transportadores aéreos.
A pesar de que las demoras de este fin de semana fueron similares o peores a las que se registraban cuando el Grupo Marsans era dueño de Aerolíneas/ Austral, hubo mayor resignación y paciencia entre los damnificados, que esta vez no tomaron los mostradores por asalto ni agredieron a los empleados que poco tenían para decirles u ofrecerles.
Puede atribuirse esto a que se trató de la primera experiencia de los usuarios con el Estado como dueño de Aerolíneasy quizá -sobre todo los argentinossemostraron dispuestos a darle el beneficio de la duda. Este capital se dilapidará pronto si el gobierno no mejora rápido el servicio, y en lugar de insultar a los españoles, los improperios serán para las más altas autoridades del país, un riesgo quizá no sopesado al momento de hacerse cargo de la compañía.
Además, durante el fin de semana el gerente general, Julio Alak, y el ministro de Planificación, Julio De Vido, salieron por los medios a «explicar» que la culpa se debía a la sobreventa, luego de escucharse desde la empresa que los atrasos del viernes obedecían a «interferencias radiales de FM truchas de Entre Ríos». Si una FM ilegal en una provincia argentina puede paralizar el tráfico aéreo del país, es más preocupante que una hipotética sobreventa, desde ya.
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