Otro fantasma recorre el mundo: «la argentinización». El término se impuso como neologismo planetario cada vez que un político o economista quiere levantar los peores temores acerca de la caída libre de un país. El tema Argentina fue uno de los principales de la agenda internacional de 2002 y 2003, y llegó a competirle hasta a Al-Qaeda. El pánico que genera la combinación de nuestra crisis financiera, política y social hace que en países con realidades tan distintas, como Filipinas, Colombia, Israel, Suecia, Bolivia, México y Hong Kong (China), todos le escapen a un devenir aciago y terrible: «la argentinización».
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Cada vez que algún economista, político o analista necesita una palabra como sinónimo de «debacle económica catastrófica», allí surge «la argentinización», término que es agitado para disparar los peores temores.
El cuco es utilizado en países que padecen todo tipo de condiciones socioeconómicas. Desde aquellos con alto nivel de desarrollo humano, como Suecia; naciones desarrolladas en semiguerra, como Israel; países pobres en semiguerra, como Colombia; economías estables que no terminan de despegar, como México; o pauperizadas, como la boliviana.
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