Resultó la nota excluyente del remate semanal. Lo de Tenaris, con un monto de casi 660.000 acciones, apenas moviendo las agujas de sus precios con 0,42 por ciento, puso nuevamente de relieve la utilización de ésta como rápida vía de escape de divisas. Y así, de los 114 millones de pesos realizados en acciones, durante el viernes, nada menos que 72 millones de pesos pasaron por tal «molinete», que tomó ruta a Nueva York. Resulta casi imposible imaginar que con tal monto de volumen transado, un papel mantenga tan preciso equilibrio en sus cotizaciones. O bien por la baja, o por el alza, semejante movimiento realizado -con objetivo natural- tiene que forzar a una de las puntas, con rasgos sobresalientes. Y esto no se produjo. En tanto, hubo otro hecho muy destacable de esa fecha culminante del período anterior: que el índice Merval perforó otro piso, en el intradiario, no en lo que fue la marca definitiva del día.
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Un mínimo de 1.890 testeó el nuevo refugio, después de haberse deslizado velozmente desde el piso superior -de los 2.000 puntos- y lo que parecía como irrealizable, desde lo imaginado, se vio en la práctica de estos días de julio. Finalmente, con 1.906 puntos precarios, como para mantener algo de honor.
Los demás bajaron también, pero lo del Merval fue una simple «crucifixión». Perdiendo 1,73% en el listado extendido y yendo a los 2,54% de negativo en la versión de las locales. Diferencias nuevamente aplastantes, donde por 22 títulos con aumentos -distinguida Capex, con 3,7%- hubo 71 papeles en descenso, G. «Clarín» en más de 8%, y cerrando la imagen de otra fecha triturando bolsillos y ánimos. En la semana, cayó 1,66% el Dow y repuntó con 1,3% el Bovespa. Y se desplomó con 5% el indicador de Buenos Aires. Ciertamente desolador el escenario, sin promesas de rebotes sólidos. Y la Bolsa, bajo la cama.
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