23 de marzo 2007 - 00:00

Festival de subsidios y más bombeo a economía

Para proyectar qué puede ocurrir con la economía en 2007 y en la etapa poselectoral es mejor conocer el pensamiento de Néstor Kirchner que recurrir a la teoría económica. Por lo menos, esto es lo que aseguran en esta nueva entrega de «El economista del mes», Miguel Angel Broda y Andrea Broda. El gobierno aprieta cada vez más el acelerador del gasto y por eso proyectan un crecimiento del PBI en torno a 7,8%. Pero también remarcan que los principales problemas del «modelo K» (alta inflación, insuficiencia de inversiones y escasez de energía), podrían debilitar sus pilares y, de no corregirse, terminarán afectando el crecimiento a largo plazo que ubican entre 3,5% y 4%.

Festival de subsidios y más bombeo a economía
1) ¿Cuánto hay de ortodoxia y cuánto de heterodoxia en la economía hoy?

La estrategia económica del presidente Kirchner, quien razona y actúa como un virtual ministro de Economía, se basa en tres ejes: a) Mantenimiento de la disciplina macroeconómica. El gobierno apunta a evitar la alta volatilidad macro y las crisis recurrentes del pasado que condujeron al país a 30 años de decadencia a través de dos pilares: 1) sostenimiento de un elevado tipo de cambio real, que no sólo permite fortalecer el superávit de cuenta corriente y acumular reservas frente a eventuales contingencias externas, sino que también posibilita proteger a la industria nacional, 2) mantenimiento del superávit fiscal por quinto año consecutivo, que junto a la disminución de las necesidades financieras que produjo el canje de deuda, permite reducir la dependencia de los mercados financieros internacionales. En 2007, el Tesoro sólo tendrá que emitir deuda por unos u$s 5.700 millones para cubrir un faltante financiero equivalente a 2,2% del PBI, cuando en 1997-98 se veía obligado a emitir unos 6 o 7 puntos del Producto.

b) Políticas keynesianas, heterodoxas y expansivas para estimularla demanda agregada y fogonear la reactivación. En su reciente discurso ante la Asamblea Legislativa, el Presidente sostuvo que continuará aplicando políticas expansivas ( fiscal, monetaria y de ingresos). En la cabeza de Néstor Kirchner no existe la idea de una economía recalentada ni la necesidad de ir hacia un « softlanding» para frenar presiones inflacionarias. No se tomarán «medidas para restringir el consumo», recalcó.

c) Intervencionismo crecientedel Estado en los mercados. El gobierno interviene por tres motivos: 1) para morigerar la suba de los precios domésticos. Lo hace a través de controles de precios; fijación de máximos; retenciones; restricciones a las exportaciones y subsidios, con el objetivo de mantener precios internos deprimidos (por debajo de su costo de oportunidad); 2) para impulsar la inversión. Aquí actúa en tres frentes: por un lado, busca suplir la insuficiencia de inversión privada en áreas clave mediante un incremento en la inversión pública -que pasó de 1,5% del PBI en 1998 a casi 3% en 2006, y pretende alcanzar una meta de 4% del PBI-; por otro, brinda incentivos para impulsar la inversión privada (exenciones impositivas, diferimientos fiscales, amortización acelerada de bienes de capital, facilidades crediticias, etc.) y, por último, fomenta inversiones mixtas (inversión pública con recursos privados) principalmente en el área energética; 3) para mejorar la situación social. En este sentido, se multiplicaron con el correr del tiempo las acciones tendientes a «contener» subas de precios de alimentos esenciales de la canasta básica (carnes, lácteos, frutas, verduras, derivados de trigo y oleaginosas) y así aumentar el poder adquisitivo de los más pobres. Como lo señalamos reiteradamente, este intervencionismo hace que en el manejo de la política económica predomine la discrecionalidad. A esto se agrega que cuando se ingresa en el laberinto de controles, subsidios y medidas caso por caso, se requiere de un intervencionismo creciente, ya que una distorsión va conduciendo a la otra. Para otorgarle a los tamberos un subsidio de cinco centavos por litro de leche cruda producida, fueron necesarias casi 10 normas administrativas (entre resoluciones del Ministerio de Economía, de la Secretaría de Agricultura, de la ONCCA y disposiciones de rango menor).

2) ¿Qué hay que esperar de la política económica en 2007? ¿Habrá aun más estímulo a la demanda agregada?

El año electoral comenzó con un mayor bombeo del gasto agregado y un festival de subsidios y medidas intervencionistas en los mercados. La política fiscal es expansiva en el margen y el impulso es mucho mayor en 2007. De hecho, el superávit primario del sector público consolidado (Nación + provincias) pasó de 4,4% (3,7% + 0,7%) del PBI en 2005 a 3,9% (3,5% + 0,4) en 2006 y podría ubicarse por debajo de 2,5% en 2007. Realmente, este año arrancó con todo en materia fiscal: el gasto primario de la Nación habría aumentado nada menos que 49% interanual en el primer bimestre, cuando venía expandiéndose a 29,3% en el segundo semestre de 2006. Ahora el gobierno estudia una ampliación presupuestaria del orden de $ 40.000 millones (5% del PBI). Para dar una idea, si a la suba ya prevista de 18% (Presupuesto nacional original 2007 vs. ejecutado 2006) se le sumara esta ampliación, ¡el ritmo de expansión del gasto aumentaría 61% en 2007! Ciertamente, creemos que el Presidente no convalidará todos los aumentos de gastos solicitados por los distintos ministerios; pero nuestra impresión es que este año se acelera el ritmo de expansión del gasto y podría reducirse el resultado primario de la Nación en alrededor de 1 punto del PBI. A su vez, los subsidios para mantener bajos los precios de la energía y el transporte público no paran de crecer: en 2004 totalizaron $ 1.500 millones, en 2006 treparon a $ 6.388 millones (+84% año contra año) y en 2007 superarían los 10.000 millones de pesos.

3) ¿Qué ocurrirá con los salarios?

La política de ingresos también sigue siendo expansiva. Los salarios privados volverán a crecer en 2007 muy por encima de la inflación y más en línea con el PBI nominal. La masa salarial del sector público (salarios públicos nacionales y provinciales y jubilaciones) va a crecer fuerte este año (por la suba de 13% en los haberes jubilatorios, la moratoria y el aumento de 15% que se estudia otorgar a partir de julio a jubilados y empleados públicos). Pasaría así de representar 13,8% del PBI en 2006 a 15,6% en 2007.

En materia de ingresos también hay que tener en cuenta que Kirchner aspira a aumentar la parte de la «torta» que va a los asalariados (en 2002 la participación de los asalariados en el PBI era de 34,2% y en 2006 rozó 40%) y alcanzar un reparto del ingreso nacional de 50%-50% entre capital y trabajo.

4) ¿Puede haber un freno por el lado de la política monetaria?

Hasta ahora, la política monetaria no ha contrarrestado los efectos expansivos de las políticas fiscal y de ingresos. Por el contrario, el crecimiento de los agregados monetarios, las bajas tasas de interés y la fuerte expansión del crédito contribuyen a impulsar la demanda agregada. En efecto, el dinero amplio (M3 en pesos) aumentó entre setiembre de 2006 y febrero de 2007 a un ritmo interanual de 23,3% vs. 21% entre los mismos meses un año atrás; los pasivos monetarios del BCRA, 34,2% contra 27,9%, respectivamente; y el crédito al sector privado 41,4% contra 35,7% para la misma comparación. Si a lo anterior se agrega que las tasas de interés reales aún se ubican en terreno negativo (la tasa BADLAR medida por la verdadera inflación se ubica en torno de -4% anual) y que el peso está depreciado, se completa así un cuadro cambiario y monetario expansivo.

5) ¿Cuáles son las perspectivas de corto plazo?

La economía argentina muestra una de las tasas de crecimiento más sorprendentes del mundo: el PBI acumula un aumento de 47% en los últimos 19 trimestres (impulsado por el incremento de la demanda doméstica de 55%). Para 2007 proyectamos un incremento del PBI del orden de 7,8% y un crecimiento entre el 4º trimestre de 2007 contra el 4º trimestre 2006 de 6,5%. Con una suba de los precios implícitos del Producto estimada en 12%/ 13%, el PBI de 2007 se ubicaría así en torno de los $ 797.000 millones (u$s 255.000 millones), que implica un aumento nominal de 22%.

También es meritorio haber bajado a un dígito (8,7%) la tasa de desempleo. A pesar de estos resultados brillantes, sin embargo, los flancos débiles del modelo K comienzan a cobrar cada vez más importancia en la determinación de la tasa de crecimiento a mediano plazo.

6) ¿Cuáles son los principales problemas que enfrentará?

En el corto plazo, sin duda la inflación. En la Argentina actual hay tres inflaciones: 1) una inflación de «bolsillo»: el IPC medía hasta diciembre de 2006 los precios que pagaban efectivamente los consumidores, aunque algunos de esos precios estaban « rebajados» por los acuerdos y controles de precios y otras intervenciones del gobierno. O sea, los precios estaban «influidos» pero no había aún modificaciones metodológicas «raras» ya que no se operaba directamente sobre el índice, sino indirectamente sobre sus resultados; 2) una inflación « INDEK»: desde enero de 2007, el IPC ya no sólo incluye los efectos sobre los precios de las intervenciones oficiales, sino también las manipulaciones sobre el índice mismo, que sufrió cambios metodológicos en turismo y prepagas (y también tal vez en verduras). La gente ya no siente que el IPC refleje «su bolsillo»: en el primer bimestre de 2007 la inflación INDEK dio 1,5%, pero la inflación de bolsillo -sin cambios metodológicos-hubiera sido como mínimo de 2,4%/2,5%;y 3) la inflación verdadera (libre o macro) es la que expresa el verdadero desequilibrio entre la demanda agregada -bombeada por el gobierno- y la oferta agregada -que no puede crecer al mismo ritmo de la demanda. Se la puede aproximar indirectamente a través de una batería de indicadores alternativos (IPC libre, precios implícitos del PBI y de la demanda doméstica, de shopping, nuevas encuestas; etc.), que por sus limitaciones individuales deben considerarse en forma conjunta. De ellos surge que independientemente del efecto INDEK, la verdadera inflación se mantiene alta (en torno de 13%-14%) y estable desde diciembre de 2005.

7) ¿Qué ven detrás de la inflación de la Argentina?

La dinámica de la verdadera inflación de la Argentina puede explicarse a partir de la interacción de cuatro fuerzas, dos de las cuales actúan «tirando» la inflación para arriba y las otras dos, la «empujan» hacia abajo:

1) la demanda agregada está lanzada y crece a mayor velocidad que la oferta presionando al alza los precios domésticos de los bienes no transables; 2) los precios internacionales de los bienes transables, en particular los commodities agropecuarios, se encuentran en niveles altos y parece que continuarán « tonificados» en el mediano y largo plazo, presionando por lo tanto sobre los precios domésticos (el Indice de Materias Primas --IPMP-del BCRA nivel general, alcanzó en febrero el máximo de la serie, creciendo 90% en los últimos 5 años y sólo en febrero creció 4,4%). Este índice (sin petróleo) muestra que los precios a febrero de 2007 son en promedio 34% mayores que en 1995-2005. En particular, los precios del maíz son 66% mayores y los de trigo, casi 60%); 3) el tipo de cambio nominal se mantiene relativamente constante desde setiembre de 2006 (en torno a los $ 3,10) ejerciendo un efecto «contenedor» de la inflación al contribuir a « abaratar» en términos relativos a los bienes transables (que en su mayoría se determinan en dólares)en relación con los no transables. Si bien ello contribuye a una menor inflación, lo cierto es que entra en conflicto con el objetivo de un tipo de cambio real alto y estable; 4) las crecientes intervenciones del Estado tendientes a mantener bajos los precios domésticos y controlada la inflación «cortando» el traslado a los precios domésticos de los altos precios internacionales de las materias primas, conforman una fuerza que temporariamente «tira hacia abajo» la inflación, pero es «pan para hoy y hambre para mañana»: además de generar inflación reprimida está distorsionando crecientemente la estructura de precios relativos de la economía, que tarde o temprano pujará por reacomodarse.

8) ¿Mirando a futuro, a qué tasa de crecimiento tiende a converger la Argentina?

La Argentina enfrenta tres escenarios en relación con la tendencia de mediano plazo: I) Escenario pesimista: supone un contexto externo algo menos positivo que el actual (una tasa de crecimiento de la economía mundial más baja que en los últimos cuatro años y términos de intercambio no tan favorables) y un contexto interno en el cual se pierden los superávits gemelos y la Argentina « vuelve a las andadas», sin mejoras en la tasa actual de inversión ni en productividad total de los factores. En este escenario, la economía argentina convergería a una tasa de crecimiento del orden de 2,5% anual, similar al promedio histórico del período 1960-1998 (2,9%). Pero así el actual PBI per cápita se duplicaría recién en 47 años. Esta última tasa de crecimiento es la de la vieja Argentina, signada por una alta volatilidad macro producto de crisis recurrentes. II) Escenario muy optimista: se basa en que sigue el viento de cola favorable desde el flanco externo (el mundo crece a tasas similares a los últimos 4 años y se mantienen los favorables términos de intercambio). En el flanco interno, la Argentina mantiene la disciplina macro alcanzada y mejora la calidad de su política económica, con menos intervencionismo estatal; menos discrecionalidad en la toma de decisiones, más reglas de juego y menos «caso por caso». O sea, reemplaza una política económica rudimentaria por otra más sofisticada, lo que llevaría a aumentar la tasa de crecimiento de la inversión y la productividad. En este escenario, la economía converge a una tasa de crecimiento entre 6 y 8% anual, que duplicaría el PBI per cápita ¡cada 12 años! Sería la concreción del « milagro argentino», compensando en 15 años los últimos 50 de decadencia. III) Escenario más probable: para nosotros, si la Argentina logra preservar la estabilidad macro alcanzada («activo» con el que no se contó en los últimos 30 años) podría crecer a una tasa superior al promedio histórico: 3,5%/ 4%, de no mediar ningún cambio abrupto en el escenario internacional y aún si no mejorara significativamente el clima de inversión. Este escenario intermedio supone que en la Argentina se mantiene la estabilidad macro con lo cual una sustancial disminución de la volatilidad podría constituir un determinante crucial de la productividad, una suerte de « innovación tecnológica» que aumenta el producto potencial y mejora la tasa de crecimiento efectiva futura para un país acostumbrado a la inestabilidad permanente. Con este escenario el PBI per cápita duplicaría en 24 años su nivel actual.

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