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Rato destacó los "costos extraordinarios en términos de la pobreza y de la disminución del crecimiento" de la crisis argentina de 2001. "No estamos ante una situación que sea deseada por nadie y con unos costes que realmente no me parecen deseados por ningún país", dijo.
Con esta respuesta el ex ministro de economía español evitó opinar sobre las relaciones posteriores de Argentina con el FMI, que fue el objeto de la pregunta inicial en una rueda de prensa. La economía argentina se contrajo un 20 por ciento entre 1998 y 2002, con consecuencias devastadoras para la población, un 60 por ciento de la cual cayó en la pobreza.
En 2003 y 2004 creció un 8,8 por ciento anual, y para este año el Gobierno prevé una expansión del PIB del 5,5 por ciento.
Rato calificó este repunte de "importante", pero puntualizó que todos los crecimientos que provienen de una larga recesión anterior no son "lo mismo" que los generados por el "dinamismo" del país. Las economías suelen reaccionar automáticamente a una contracción muy grande con un repunte temporal, lo que se conoce en ámbitos financieros como el fenómeno del "gato rebotado".
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