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«GRD tiene muy buenas instalaciones y a los estadounidenses también les interesa porque los cueros argentinos son considerados entre los mejores para tapicería de autos», dijo ayer a este diario un analista del mercado.
El mismo observador admitió que, si bien los problemas de GRD no son tan graves como la de su controlante CEPA, «al prolongarse sin solución la negociación del frigorífico con los bancos, GRD quedó atrapada en la misma situación de CEPA: el desgaste frente a los proveedores y el mercado financiero, totalmente enterados de sus dificultades, pero sin gozar de ninguno de los beneficios de un concurso, como la suspensión de los plazos, la acumulación de intereses y la posibilidad de replantear la actividad de la empresa».
En CEPA la semana pasada decían que «la instancia preconcursal se agotó; no podíamos mantener las negociaciones con los bancos indefinidamente porque sufría el negocio». CEPA acumularía una deuda con los bancos cercana a los u$s 60 millones.
GRD elabora cueros terminados y semiterminados, y cuenta con la planta de tapicería «más moderna de Sudamérica», dice un comunicado de la empresa. La deuda con la CFI había permanecido fuera de las negociaciones en virtud de que la misma cuenta con la garantía real de la fábrica de Avellaneda. En el grupo, según trascendió, culpan por buena parte de sus males, en forma no demasiado velada, a las políticas oficiales respecto de la devolución del IVA a las exportaciones. «Llegaron a debernos u$s 12 millones por este concepto; considerando lo que nos cuesta fondearnos en el sistema bancario, tener que prestarle ese dinero al Estado a tasa cero o a seis por ciento anual es casi una condena a muerte», se lamentaba un ex ejecutivo de la firma.
En el comunicado a la Bolsa se aclara que «no se advierten circunstancias equivalentes en otras compañías del grupo G&Z que ameriten iguales recursos» (léase concurso).
Esas otras compañías son básicamente Rheem -que este año, a pesar de la recesión y la avalancha de importados a precios ínfimos llegó a 50% del mercado de termotanques-, el propio holding y Wilmore, que elabora productos proteicos para la alimentación de animales.
En cambio SAPEI no corrió la misma suerte: inactiva desde hace un año y medio por imperio de la situación económica general (según aduce el grupo en su nota a la Bolsa), esta fabricante de envases plásticos para lácteos, pinturas, químicos, etc. arrastra una deuda cercana a los u$s 4 millones.
El único activo que conservó, después de desprenderse de sus líneas de producción, es el predio donde se levantaba su planta industrial, sobre la avenida Calchaquí en el partido de Quilmes.
Trascendió que la gente de G&Z estaban muy avanzados en las conversaciones con una cadena de supermercados que todavía no llegó a la zona (se trata de un terreno de ocho hectáreas), pero las regulaciones impuestas por la Legislatura bonaerense sobre la construcción de grandes superficies comerciales (sumadas, una vez más, a la crisis de consumo) impidió el cierre de la venta cuyo producido habría representado la liquidación de ese pasivo.
G&Z también había venido desprendiéndose de varios activos a lo largo de las últimas décadas, fundamentalmente su negocio de petroquímica (la firma Ipako) y de sus actividades agropecuarias.
Entre CEPA y GRD emplean a unas 1.400 personas, luego de haber tenido que despedir a unas 500 la semana última en virtud del cierre de la planta que tenía el frigorífico en la localidad bonaerense de Pontevedra.




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