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• En la poscrisis, sin inversión externa ni crédito o ayuda externa de ningún tipo, el empresariado nacional contribuyó en el esfuerzo financiero para recrear el mercado interno y fortalecer nuestro rol exportador.
• «Es necesario un sistema laboral que permita a las pequeñas empresas contratar mano de obra y a los trabajadores tener protección adecuada, con reglas estables y justas, que mejoren la condición del trabajador, pero sin comprometer la productividad y la competitividad, sino alentándola.
• También hacen falta una mejor infraestructura física y social y un modelo educativo que vuelva a vincular la formación con el trabajo.
• El crecimiento económico, la inversión y la competitividad sólo pueden darse en un contexto de democracia política y respeto por los derechos individuales, en especial el de la propiedad y el de la iniciativa privada. Los evidentes fracasos y altibajos en nuestras realidades políticas y económicas no hacen más que confirmar esta fórmula.
• Hoy asistimos a una nueva realidad y a expectativas muy diferentes de las que caracterizaron a la Argentina de 2001. Hay problemas, pero de una magnitud que pueden ser resueltos.
• Hoy las políticas públicas tienden a reenfatizar la idea de un mercado interno vigoroso, especializado, tecnológicamente aggiornado y que ofrezca posibilidades a sus trabajadores.
• Los flagelos hoy son el atraso tecnológico, la descapitalización de las empresas, la necesidad de inversión, la demanda de competitividad internacional, la protección del poder adquisitivo de los empleados, la generación de puestos de trabajo y el alivio de la situación de los excluidos, así como la reinserción de los desempleados.
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