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2 de diciembre 2008 - 00:00

GM, Ford y Chrysler volvieron a clamar al unísono un salvataje

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Las automotrices estadounidenses volvieron a la carga con la esperanza de convencer al Congreso de Washington sobre la necesidad de salvarlas de la catástrofe financiera, pero esta vez prometieron, a cambio, un plan de austeridad y una reconversión a modelos ecológicos.

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Ford, uno de los colosos en problemas -junto a General Motors y Chrysler-, presentó un plan que prevé la concesión de un préstamo de fondos federales por 9.000 millones de dólares a diez años y la promesa de equilibrar el balance, o incluso el regreso a la generación de ganancias, para el 2011.

El boceto señala que Ford entregó al Congreso "un amplio plan de negocios" en el cual se señala cómo "la transformación de las actividades norteamericanas se acelerarán a través de agresivas medidas de reestructuración y la introducción de vehículos de alta calidad, seguros y limpios, incluida una amplia gama de automóviles híbridos y eléctricos".

Para darle un toque dramático al pedido, el administrador delegado de Ford, Alan Mullaly, dijo que renunciará a su salario "si las condiciones de la economía" en general y de la industria automotriz en particular "empeorasen".

Mullaly se comprometió a recibir un estipendio simbólico de un dólar anual si el ambiente económico norteamericano empeora todavía más, un gesto al que se sumó el presidente de General Motors, Rick Wagoner.

Según se difundió también, el plan de la General Motors pide al Congreso financiaciones federales por 12.000 millones de dólares y la apertura de una línea de crédito por otros 6.000 millones.

Además, indica su voluntad de concentrarse en cuatro de las marcas de la empresa: Chevrolet, GMC, Cadillac y Buick.

Chrysler, por su parte, pide en su propuesta al Congreso un préstamo de 7.000 millones de dólares, en el marco de un plan que considera "fundamental" una alianza o fusión con otra casa automotriz.

Por otro lado, para despejar el malhumor del público estadounidense, que vio con enojo cómo los jerarcas de las automotrices llegaron en las semanas pasadas a Washington para pedir dinero de salvataje a bordo de sus aviones privados, Mullaly y Wagoner aseguraron que, cuando visiten nuevamente la capital lo harán manejando sus propios automóviles.

También el plan de la General Motors prevé concentrarse sobre la fabricación de automóviles con energía limpia y una reducción drástica de los salarios de los ejecutivos.
Por el otro lado, el gigante de Detroit pondrá en marcha un severo recorte en el volumen de su producción en las plantas norteamericanas.

"Hace falta esperar y ver en qué consisten exactamente los planes", indicó la vocera de la Casa Blanca, Dana Perino. El gobierno del presidente saliente, George W. Bush, añadió, considera "prematuro" expresarse sobre el futuro del plan de las automotrices en el Congreso.

La relatora de la cámara de representantes, la diputada demócrata Nancy Pelosi, afirmó por su parte que la bancarrota de la industria automotriz "no es una opción".

La legisladora californiana advirtió, de todas maneras, que el Congreso no votará una salvataje de las fábricas de automóviles hasta que revise los planes de austeridad presentados.

Los jefes de las automotrices comparecerán ante el Senado el jueves de esta semana, y ante la cámara baja al día siguiente, a tiempo para aprovechar las últimas chances de convencer a los legisladores para que aprueben nuevas financiaciones federales.

La presentación de los planes de reestructuración coincidió con la difusión de los desalentadores números de ventas para noviembre, que en el caso de Ford cayeron un 30,6%.

Las de Toyota, por su parte, descendieron un 33,9% y las de Honda un 31,6%.

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