10 de diciembre 2002 - 00:00

Hay que volver a pensar en osos

Hay que volver a pensar en osos
Lo que ocurrió ayer con el mercado bursátil puede merecer muchas interpretaciones. Desde ya que, en su mayoría, son negativas. Podríamos hablar sobre los rumores que circulan acerca de algunas empresas con números inferiores a los esperados que se anunciarían en poco tiempo, a medida que nos adentramos en la temporada de preanuncios del cuarto trimestre. También se podría citar el nerviosismo que genera lo que para muchos es la creciente probabilidad de una guerra contra Irak. Lo mismo podríamos hacer con la bajada de pulgar que recibieron IBM y Qualcomm de parte de los analistas del BofA y de Salomón, un artículo parecido en el WSJ analizando el efecto de la quiebra de Enron sobre el Citigroup y el JP Morgan o el pedido de concurso preventivo de UAL. Por último, y no menos importante, están los nombramientos para el puesto de secretario del Tesoro y jefe de asesores económicos del presidente. Como dijimos, en todos los casos, las interpretaciones parecen ser negativas, y frente a ellas no hubo nada que neutralizara el malhumor de los inversores. No puede resultar extraño entonces que el Dow perdiera 1,99 por ciento, cerrando en 8.473,41 puntos y el NASDAQ se desbarrancara 3,89%, con ambos índices quedando prácticamente en el mínimo de la jornada. El problema es que, si bien todo esto sirve para explicar la baja del primer día de la semana, está muy lejos de darnos un argumento razonable para la caída de más de 5 por ciento que ha tenido el Dow en las últimas seis ruedas (más de 8 por ciento para el NASDAQ), después de que flirteara brevemente con una suba de más de 20 por ciento. Unos días atrás, parecía imposible, pero volvemos a hablar de que tal vez caímos en una trampa de los osos.

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