4 de septiembre 2001 - 00:00

Impacto positivo para el Mercosur

Hoy los cancilleres de los países miembros del Mercosur y el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Bob Zoellick, comenzarán a darle forma a un proyecto que fue presentado como parte fundamental de la «sustentabilidad» del plan de ayuda recientemente otorgado por el FMI a la Argentina.

Un hecho de semejante trascendencia genera en agentes económicos y observadores una serie de inquietudes sobre su forma, tiempo e impacto; las cuales pueden sintetizarse en la respuesta a tres preguntas:

¿Qué tipo de acuerdo parece más viable?

El 4+1 es casi un mecanismo de consulta que, en los hechos, sólo ha mantenido un valor simbólico desde que fuera formalizado a través del Acuerdo de la Rosaleda (19/6/ 1991). Este debe profundizarse o ser utilizado como plataforma para llegar a un nuevo compromiso más estrecho. Las alternativas van desde un acuerdo de cooperación con preferencias comerciales limitadas hasta un acuerdo global de libre comercio al estilo del NAFTA. Pero la cuestión que signará la configuración del acuerdo será el otorganismo o no a la administración Bush del «fast track» por parte del Congreso estadounidense: un acuerdo complejo necesita indispensablemente de esta facultad que simplifica su tratamiento legislativo, un acuerdo simple y limitado podría prescindir de la misma. A pesar del optimismo en favor de la aprobación del «fast track» manifestado por un grupo de legisladores americanos en una reciente visita a Buenos Aires, cabe mantener la cautela considerando que, en un contexto nacional e internacional más favorable, Bill Clinton no logró este beneficio en ocho años.

¿Qué tiempo pueden llevar las negociaciones?

El límite extremo es el previsto para el cierre de las negociaciones por el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en enero de 2005. Cuanto más cercana esté esa fecha, menos probable será un acuerdo efectivo, salvo que las negociaciones por el ALCA fracasen o se posterguen. Un acuerdo de comercio preferencial acotado podría resolverse en pocos meses si las partes manifiestan una real buena voluntad. Sobre la base de las evidencias disponibles, un acuerdo de libre comercio global podría requerir de 2 a 5 años de negociación.

¿En qué medida puede favorecer el eventual acuerdo comercial a la recuperación económica de la Argentina?

La noticia del lanzamiento de las negociaciones, de por sí, ya tiene un impacto favorable en el ánimo de los agentes financieros. Una definición rápida de las negociaciones reemplazaría el efecto mediático efímero por resultados concretos que podrían reflejarse posteriormente en la economía real. El mejor resultado posible para la Argentina consistiría en aumentar el volumen global de comercio y, esencialmente, lograr un superávit en el balance comercial que permita -al menos-compensar en parte los compromisos por el pago de deuda. El acuerdo tendría consecuencias favorables sustantivas si permitiera el ingreso preferencial a Estados Unidos de determinados productos argentinos internacionalmente competitivos que hoy tienen las puertas de aquel mercado virtualmente cerradas, como determinadas manufacturas textiles y ciertos productos alimenticios.

Buena voluntad

En síntesis, el inicio de las negociaciones debe tomarse como un acto de muy buena voluntad por parte de la administración Bush, que tiene un golpe de efecto inmediato, pero resultados reales probables recién en el mediano o largo plazo. Por necesidad y viabilidad, parece aconsejable un acuerdo que se negocie en muy corto plazo, con una estructura de funcionamiento simple, y acotado a un paquete de productos fundamentales, cuyo trato preferencial pueda impactar de manera manifiesta en el balance comercial de las partes.

(*)
El autor es director de la Licenciatura en Comercio Exterior de la Universidad de Belgrano.

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