Importaciones explosivas: mal la balanza, se fugan divisas
-
El empleo en EEUU creció más de lo esperado en marzo, aunque proyectan un segundo trimestre más débil por la guerra
-
Cómo conseguir ropa de invierno a partir de $5.000
La tentación intervencionista es percibir en esto una manía consumista de los argentinos y no advertir que es el resultado natural del sesgo pro demanda y antioferta de la política kirchnerista. Las limitaciones a la expansión de la oferta -la saturación de la capacidad instalada de varios sectores ante la falta de inversionesy la crisis energética han venido impulsando las importaciones, además de presionar sobre los precios internos.
La demanda interna creció en 2007 el doble de rápido que la oferta doméstica; ese desequilibrio se cubre con importaciones.
Otra razón de deterioro de la balanza comercial es la elevada inflación doméstica, que hace más competitivos los precios de los productos extranjeros y encarece a los nacionales.
El modelo de tipo de cambio alto ha sido enarbolado como prerrequisito de competitividad externa cuando en realidad ha sido sólo la excusa para poder hacerse fácilmente de los fondos de los sectores exportadores más productivos, que no dependen del subsidio cambiario. Nada más ilustrativo para comprender su fracaso como motor exportador que examinar el comercio bilateral con Brasil.
Brasil ha seguido durante todos estos años una política inversa, de permanente apreciación de su moneda, tanto sobre el dólar como sobre otras divisas principales. Tan sólo el año pasado, el real se revaluó 21% frente al dólar. Y otro 8,5% en lo que va de 2008.
De acuerdo con el credo productivista, el comercio exterior de Brasil debiera haber colapsado, y su mercado interno tendría que padecer una auténtica inundación de productos argentinos, beneficiados por un tipo de cambio bilateral súperalto. Pues bien, pese a esa brecha cambiaria creciente a favor de la Argentina, la balanza bilateral muestra durante 61 meses consecutivos un no menos creciente desequilibrio en contra.
En lo que va del año, el déficit bilateral es 43% mayor al del mismo período de 2007 y ya es seguro que esa situación no se revertirá durante 2008.
Es que no se compite sólo con costos (salariales) bajos. La verdadera eficiencia reside en la productividad combinada del trabajo, del capital y de la tierra. Pero también en reglas estables y justas, amparadas por instituciones sólidas y gobiernos austeros.
La voracidad fiscal implica costos mayores sin mejora de la productividad. Y en este punto las comparaciones son odiosas. Con el objeto de asegurarse u$s 9.000 millones, el Ejecutivo argentino se arrogó facultades legislativas y en un lapso de cuatro meses ordenó dos aumentos en los impuestos a las exportaciones agropecuarias y los implantó para las mineras (quebrando, por otra parte, la estabilidad tributaria que se les había garantizado a estas inversiones). El gobierno brasileño, a cambio, dispuso un recorte de gastos de u$s 5.157 millones sesenta días después de anunciar otra rebaja que, en ese caso, fue por la friolera de u$s 11.400 millones mientras se anticipan incentivos a la producción de materias primas. «No se equivoque -me dicen-. Lo que sucede es que nosotros tenemos una política industrialista y por eso premiamos con reintegros y protecciones arancelarias a algunos sectores mientras que gravamosotros.» -Ah, bueno. Si ese es el objetivo, entonces estamos realmente en aprietos: apenas 29% de nuestras ventas son industriales.
No todo son malas noticias. A pesar de la permanente diatriba contra el agro y del ingrato desprecio por las condiciones naturales con que Dios bendijo la tierra, el aumento de nuestras exportaciones obedece al salto -nada menos que de 52%- en las ventas de productos primarios y al feroz crecimiento de la industria agroalimentaria, con 49% más unidades vendidas que en el mismo período de 2007. Estos sectores también son los principales responsables de inversiones «en serio». Uno se refiere a tractores, cosechadoras, procesadoras y empacadoras, y no a aparatos telefónicos y celulares, también rotulados por el INDEC como bienes de capital. El procesamiento de los bienes agropecuarios -puro valor agregado- representa ya más de un tercio del valor de todas nuestras ventas al exterior.
En lo que hace a la energía y los combustibles -un área en la que se supo ser competitivo gracias al notable ciclo inversor de los denostados 90- caen 27% interanual, desaprovechando el formidable salto de 59% en sus precios internacionales.
Con verdadera impudicia sigue la queja contra los subsidios agrícolas y las protecciones arancelarias de Europa cuando en el país, en pleno reinado de la más amplia y sospechada maquinaria de subsidios y trabas paraarancelarias que se haya conocido, el gobierno matrimonial decide-llevar el castigo a las exportaciones, colocándolas a apenas 5% de una completa exacción colectivista. Tanta lamentación ha hecho perder de vista que las ventas a la Unión Europea casi igualan a lo que compra el Mercosur. Mientras éste es la contraparte con la que se padece el mayor desequilibrio, la UE junto a Chile proveen los resultados más superavitarios al país.
La situación comercial todavía excedentaria nada tiene que ver con la política cambiaria y comercial (si es que hay alguna) del gobierno kirchnerista. Se debe por completo a la circunstancia históricamente excepcional de los precios internacionales. Si no se computara la mejora que experimentaron los términos de nuestro intercambio (aumento de los precios de lo que se exporta y caída de lo que se compra) en los cinco últimos años, la balanza de 2008 arrojaría un déficit comercial de más de u$s 15.500 millones.
El deterioro de la balanza comercial adquiere particular relevancia en el presente clima de desconfianza y huida de capitales. Si el excedente comercial se erosiona, el BCRA perderá un insustituible proveedor de divisas para equilibrar la sedienta demanda por parte del público y evitar la disparada del dólar.




Dejá tu comentario