Este impuesto le aporta al fisco un promedio de 530 millones de pesos mensuales, dinero que Lavagna no estaría ahora dispuesto a perder.
Según muchos analistas privados, este tributo habría llegado ya a su techo y, de no mediar un alza importante en la actividad del sistema financiero, sería muy difícil que se incremente. Como contrapartida, se asegura dentro de los bancos que el costo del impuesto cruzado con las actuales tasas de interés en baja atentaría contra la posibilidad de incrementar el volumen de depósitos a plazos. Por esto ayer, durante un seminario organizado por FIEL, se reclamó que este impuesto sea eliminado. El ex titular del Banco Central Pedro Pou dijo que el tributo al cheque «está destruyendo el sistema financiero», con lo que por este tipo de instrumentos el régimen impositivo actual «es similar al de la Colonia». Pou comparó el daño de este impuesto con el que generan las retenciones a las exportaciones, que según el ex titular del Central «también tendría que ser eliminado».
La rebaja del impuesto al cheque no sería el único proyecto oficial anunciado en las últimas semanas por el gobierno que quedaría al margen. También la modificación de la ley de monotributo quedaría sin tratar en el Congreso. Las dificultades políticas para que socialmente se acepte un incremento en las cuotas de ese tributo provocaron que los legisladores (con cierta venia de Economía) abandonaran momentáneamente este proyecto. Lo que sí podría avanzar, pero como una ley separada de la modificación del monotributo, es la eliminación de la figura tributaria de responsable no inscripto y la creación del «contribuyente eventual»; una idea que viene siendo postergada desde los tiempos de Fernando de la Rúa.
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