Nuevos hallazgos estadísticos: utilidades de multinacionales se estacionan en países amigables

Economía

El documento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico hace foco en la participación relativa de las subsidiarias de multinacionales extranjeras o locales en la recaudación del Impuesto a las Ganancias de cada país.

El 8 de julio pasado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) emitió su segundo informe sobre estadísticas tributarias de empresas transnacionales. El documento tiene como objetivo dar cumplimiento al proyecto BEPS (“Base Erosion and Profit Shifting”, en inglés) el cual, recordamos, intenta transparentar y equilibrar muchos aspectos de la fiscalidad global de grupos multinacionales.

Una de las grandes limitantes para monitorear y concluir sobre los movimientos de utilidades internacionales, ha sido, desde siempre, la baja o casi nula calidad de la información global sobre la tributación del universo corporativo internacional. De alguna manera, el formato de “información país por país” (“country by country reporting”, en inglés) al que los grupos multinacionales deben someterse actualmente, comienza a dar cuenta o a confirmar determinados supuestos con base en hechos o evidencia empírica. De todos modos, el flamante documento exterioriza ciertas limitaciones a la hora de elaborar conclusiones en base a la información relevada.

El análisis del organismo multilareal es relevante porque incluye, por primera vez, datos consolidados correspondientes al año 2016 de más de 4.000 compañías multinacionales que presentaron información país por país. Los datos incluyen información destacada de actividades productivas y financieras, localización de activos y funciones, impactos fiscales en distintas jurisdicciones, entre otros aspectos.

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Una de las primeras variables que mide el estudio relaciona la participación relativa de las subsidiarias de multinacionales extranjeras o locales en la recaudación del Impuesto a las Ganancias de cada país. Los datos relevados muestran, por ejemplo, que en países como Luxemburgo e Irlanda, prácticamente entre el 55% y el 65% de la recaudación total del impuesto a la renta de esos países proviene de multinacionales extranjeras. En el lado opuesto se ubican países como Estados Unidos y Japón, en donde aproximadamente el 90% de la recaudación vinculada al universo multinacional la aportan multinacionales domésticas. La primera conclusión que deriva de estos datos es que los incentivos fiscales dispuestos por países como Irlanda y Luxemburgo han permitido acumular significativos importes de rentas de fuente extranjera de multinacionales de otras jurisdicciones.

Otra de las principales conclusiones que se desprenden del estudio confirma el desacople que existe entre las utilidades acumuladas en distintas jurisdicciones versus las actividades económicas llevadas a cabo en dichos países. En otras palabras, aquellos países denominados de inversión (“investment hubs”, en inglés) obtienen utilidades por cerca del 25% de las actividades extranjeras reportadas por grupos multinacionales mientras que solo mantienen un limitada cantidad de empleados que no representan ni el 5% de dichas actividades y activos que apenas superan el 10% de la misma variable. El documento define como “investment hubs” a aquellas jurisdicciones que reciben inversión extranjera directa por más del 150% de su PBI (por ejemplo, Luxemburgo, Suiza, Irlanda, Países Bajos, Cayman, Bermuda, entre otras). En otros términos, la productividad por empleado es mayor en estas jurisdicciones donde la tributación sobre la renta es menor o casi nula en ciertos casos.

La tercera conclusión que deriva de la utilización de la información país por país presentada por las mismas empresas multinacionales, confirma la forma en que las actividades y cadenas de valor se deslocalizan en distintas jurisdicciones.

Así, por ejemplo, los países con ingresos per capita superior a los 12.000 dólares, concentran las actividades de ventas y servicios. Por el contrario, las actividades manufactureras se desarrollan en países de ingresos medios o bajos. Es decir, ingresos de hasta 12.000 dólares per capital. Por último, el grupo de países denominado “investment hubs”, concentra las actividades de tenencias accionarias y ventas o intermediación en ventas.

Si combinamos las tres conclusiones, podemos advertir que la mayor cantidad de utilidades provenientes de actividades extranjeras son acumuladas en aquellas jurisdicciones donde no se advierten actividades productivas sino, por el contrario, actividades pasivas como son las actividades de tenencias accionarias, financieras o de intermediación en ventas.

Por primera vez queda expuesto, con información fehaciente, el desacople de las cadenas de valor y la remuneración que se asigna a cada una de las actividades en dicha cadena. El año 2020 es el primer ejercicio en el que OCDE utilizó los datos emanados de los informes país por país. En los sucesivos años, no sólo veremos la “foto” sino también la tendencia o “película” que mostrará cómo dichas cadenas de valor irán mutando a medida en que los países y OCDE arriben a los consensos fiscales necesarios. Nos encontramos ante fuerzas que intentan desandar la derivación de utilidades ocurrida durante décadas pasadas y acoplarlas coordinadamente a las jurisdicciones donde se encuentran las funciones, activos y mercados. De hecho, la reciente reforma tributaria americana (TCJA) y los proyectos en estudio sobre la distribución de utilidades de la economía digital (Pilares 1 y 2 de OCDE) son dos ejemplos que buscan ese objetivo. Nuestro país puede también beneficiarse de este contexto si articula las políticas tributarias adecuadas de incentivo a la inversión y el desarrollo de conocimiento científico y tecnológico.

(*) Socio del departamento de impuestos y transacciones de EY Argentina

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