28 de febrero 2001 - 00:00

Insólito: ahora gremios van a un paro "internacional"

La CGT de Rodolfo Daer anunció ayer que no hará el paro convocado para mañana y pasado. Pero los dirigentes dialoguistas no dijeron una palabra de su próxima maquinación: plegarse a la movilización que organiza Hugo Moyano para el 4 y 5 de abril. Alentados por Carlos Ruckauf, los sindicalistas de uno y otro sector, sumados a los de Víctor De Gennaro, tienen pensado protestar cuando Buenos Aires se convierta, durante dos días, en la capital comercial de América. En efecto, el 5 y 6 de abril estarán en la Ciudad los ministros de Comercio de 34 países del continente -entre ellos el de los Estados Unidos, Donald Evans-para discutir la integración del ALCA. No será una cumbre exclusivamente estatal ya que también habrá empresarios de toda América. Para Moyano y el resto de los gremialistas es una oportunidad única para importar una moda que se ha impuesto en otras reuniones internacionales: desde el Foro de Davos hasta la asamblea del Fondo Monetario Internacional. Entre las "picardías" (así las califican) que piensan llevar adelante habrá cortes de rutas, suspensión del transporte y, sobre todo, la interrupción de la autopista que une el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y el centro de Buenos Aires. Como se ve, una queja poco seria, insólitamente dirigida más a Adalberto Rodríguez Giavarini y a Federico Storani (quien deberá garantizar el orden) que a Patricia Bullrich o a José Luis Machinea.

La CGT que lidera Rodolfo Daer resolvió ayer, como estaba previsto, levantar el paro que había convocado para mañana y pasado mañana. El propio Daer explicó que «la CGT decidió posponer la medida de fuerza, pero mantenemos los planteos, es decir, que se deje sin efecto la reforma previsional y que tiene que existir un subsidio para todos los compañeros». El jefe de la central pactista debió soportar las burlas que comenzaron a dedicarle desde la vereda disidente de Hugo Moyano y de Víctor De Gennaro.

El camionero atribuyó la decisión a la impotencia más que a la responsabilidad de los «primos» dialoguistas. Sacó pecho diciendo que «la única que está en condiciones de hacer un paro es esta CGT, ésa es la realidad; nunca hemos retrocedido ante la decisión de un paro». De Gennaro fue, en cambio, al centro del problema: «Me enteré por los diarios de que había un paro y me enteré por los diarios de que lo levantaron». Para él se trató, al parecer, nada más que de una extorsión.

Movilización

Sin embargo, más allá de la burla de los otros gremialistas hacia un Daer que se mostró incapaz de llevar adelante la huelga, el gobierno no debería festejar la decisión de ayer. Sencillamente porque es altamente probable que el paro que no se hará esta semana se realice, corregido y aumentado, en un momento peor. Los gremios de la CGT oficialista coordinaron con Carlos Ruckauf hace 15 días una movilización que se realizaría el 4 y 5 de abril. En rigor, el primero que seleccionó esos días con toda intención fue Hugo Moyano. No es una fecha elegida al azar: el 5 de abril Buenos Aires será la sede de una reunión de ministros de comercio de toda América, que forma parte de la agenda de negociaciones del ALCA y preparatoria de la Cumbre de las Américas de Québec.

Para imaginar la dimensión de ese encuentro bastaría consignar que, nada más que de los países del Mercosur, viajarán a la Argentina más de 500 funcionarios. A los gremialistas se les hizo agua la boca cuando advirtieron la realización de esa asamblea.

De Gennaro, por ejemplo, ya está organizando una especie de «Foro Anti Davos» y los de Daer se entusiasman con una marcha hacia el centro desde los municipios del conurbano. No hay que descartar nada en esa manifestación: cortes de ruta, carpas en las plazas, problemas de transporte y hasta la interrupción -ya calculada-de la autopista que une Ezeiza con el centro de la ciudad, vital para transportar a los funcionarios extranjeros que llegarán a la ciudad. Un sindicalista pícaro (con perdón de la redundancia) comentó a este diario: «Somos chicos malos, de esos que cuando hay visitas se ponen más revoltosos».

No debería felicitarse a estos gremialistas por su originalidad. En realidad, trasladan a la escena local un tipo de protesta que ya se ha vuelto habitual tanto en las reuniones del World Economic Forum de Davos como en las asambleas del Fondo Monetario Internacional.

Sin ir más lejos, cuando se realizó la cumbre de aquel primer club en Porto Alegre, sesionó paralelamente un Foro Anti Davos del que participaron varios dirigentes argentinos. Ya en ese momento se conjuraron con otros «compañeros extranjeros» para quejarse del ALCA en Buenos Aires.

El problema con que amenaza la CGT era hasta ahora competencia casi exclusiva de Patricia Bullrich, quien mantiene una relación más amistosa con Moyano que con el resto de los gremialistas (Héctor Recalde, abogado del MTA y numen intelectual del camionero tiene que ver en ese idilio más de lo que se supone). Pero ahora, por una coincidencia insólita, el paro no se lo harán a la ministra de Trabajo: se lo harán a Adalberto Rodríguez Giavarini («¡qué horror!», comentan las señoras en el Socorro) y a Federico Storani. Sucede que el ministro del Interior será el encargado de garantizar la seguridad para los representantes de gobiernos extranjeros que visitarán la Capital.

Storani sufre por el rol que le asignó la historia. Considera más adecuada a su tradición de izquierdista de Gonnet caminar codo a codo con los sindicalistas que estarán protestando. Pero el cargo le impone otra misión, acaso la de reprimir a los manifestantes si la protesta pasa más allá de lo folklórico.

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