Insólito: ahora gremios van a un paro "internacional"
La CGT de Rodolfo Daer anunció ayer que no hará el paro convocado para mañana y pasado. Pero los dirigentes dialoguistas no dijeron una palabra de su próxima maquinación: plegarse a la movilización que organiza Hugo Moyano para el 4 y 5 de abril. Alentados por Carlos Ruckauf, los sindicalistas de uno y otro sector, sumados a los de Víctor De Gennaro, tienen pensado protestar cuando Buenos Aires se convierta, durante dos días, en la capital comercial de América. En efecto, el 5 y 6 de abril estarán en la Ciudad los ministros de Comercio de 34 países del continente -entre ellos el de los Estados Unidos, Donald Evans-para discutir la integración del ALCA. No será una cumbre exclusivamente estatal ya que también habrá empresarios de toda América. Para Moyano y el resto de los gremialistas es una oportunidad única para importar una moda que se ha impuesto en otras reuniones internacionales: desde el Foro de Davos hasta la asamblea del Fondo Monetario Internacional. Entre las "picardías" (así las califican) que piensan llevar adelante habrá cortes de rutas, suspensión del transporte y, sobre todo, la interrupción de la autopista que une el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y el centro de Buenos Aires. Como se ve, una queja poco seria, insólitamente dirigida más a Adalberto Rodríguez Giavarini y a Federico Storani (quien deberá garantizar el orden) que a Patricia Bullrich o a José Luis Machinea.
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Movilización
Sin ir más lejos, cuando se realizó la cumbre de aquel primer club en Porto Alegre, sesionó paralelamente un Foro Anti Davos del que participaron varios dirigentes argentinos. Ya en ese momento se conjuraron con otros «compañeros extranjeros» para quejarse del ALCA en Buenos Aires.
El problema con que amenaza la CGT era hasta ahora competencia casi exclusiva de Patricia Bullrich, quien mantiene una relación más amistosa con Moyano que con el resto de los gremialistas (Héctor Recalde, abogado del MTA y numen intelectual del camionero tiene que ver en ese idilio más de lo que se supone). Pero ahora, por una coincidencia insólita, el paro no se lo harán a la ministra de Trabajo: se lo harán a Adalberto Rodríguez Giavarini («¡qué horror!», comentan las señoras en el Socorro) y a Federico Storani. Sucede que el ministro del Interior será el encargado de garantizar la seguridad para los representantes de gobiernos extranjeros que visitarán la Capital.
Storani sufre por el rol que le asignó la historia. Considera más adecuada a su tradición de izquierdista de Gonnet caminar codo a codo con los sindicalistas que estarán protestando. Pero el cargo le impone otra misión, acaso la de reprimir a los manifestantes si la protesta pasa más allá de lo folklórico.




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