Kirchner cedió en parte ayer
Hoy el gobierno anunciará acuerdo comercial con China. Cedió en parte Kirchner para lograr anuncio antes de que Hu Jintao abandone el país. Anoche negociaban detalles. Se reconocerá como «economía de mercado» a China, pero ello va a ser gradual, a prueba y por bandas de productos. Es la solución a lo Canadá que anticipó ayer este diario. Se prevé para 2008 reconocer «economía de mercado» total. Pero, para eso, Argentina debería haber aumentado ventas de alimentos hasta u$s 7.000 millones (hoy están en 3.000 M). Habría cláusula secreta para proteger industrias sensibles.
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Las partes manejaban anoche la posibilidad de que eso figure en una cláusula secreta del memorándum de entendimiento. En ese texto reservado a las dos partes, la Argentina admitiría concesiones que Kirchner cree pueden lesionar la imagen de negociador duro que instaló también en este trámite. A los chinos -en realidad gobiernan una dictadura comunista- esa condición de secreto no les desagrada, pero el gobierno teme que las eventuales filtraciones al público puedan también herirlo.
En la tarde de ayer, y con un celo de filatelista, el Presidente repasó en su despacho, bajo la mirada de medio gabinete (Roberto Lavagna, Rafael Bielsa, Julio De Vido, Carlos Zanini, Alberto Fernández) y un seleccionado de funcionarios y diplomáticos chinos, el texto de ese entendimiento.
El canciller se desgañitaba (textual, amagó una breve siesta, no resiste las trasnochadas como la que se extendió en su despacho hasta pasadas las 4) porque lo llamaban desde Ezeiza con la puerta del avión entreabierta. Hoy debe estar en Costa Rica para la cumbre de mandatarios iberoamericanos.
De Vido se quería ir a un acto peronista en Florencio Varela. Apenas llegó a su despacho, casi a las 18 -demorado por una jornada caótica en Rosario, que incluyó la rotura de otro avión-, Kirchner recibió el informe de Fernández de lo charlado con los chinos en la larga madrugada de ayer.
Esa reunión había comenzado a las 22 del martes, la misma hora en que el Presidente y Hu Jintao arrancaban con la cena en el Palacio San Martín.
La reunión la habían pedido los chinos con vehemencia y la querían al máximo nivel. No les importó el protocolo, que forzó a Bielsa, Lavagna, el jefe de Gabinete y el secretario Alfredo Chiaradía a dejar las sillas vacías en la cena de gala. La orden de Hu Jintao parecía terminante para funcionarios no acostumbrados a defraudar a su jefe: lograr el polémico reconocimiento, que allanan a las partes el litigio ante la OMC.
La reunión duró seis largas horas y transcurrió en la sala de reuniones que tiene Bielsa en el piso 13º de la torre de Arenales esquina Esmeralda y los funcionarios argentinos resistieron lo más que pudieron a la presión china para que en el memorándum de entendimiento se consignase el reconocimiento total, incondicional y a lo Lula de la categoría «de mercado».
Kirchner les había contado ya a sus ministros la frase con que frenó en la tarde del martes el pedido de Hu Jintao: «No puedo hundir a mi país» (por error de transcripción este diario la reprodujo mal: «No puedo mentir a mi país»).
• Facultades
Bielsa con aire de experto volcó todo lo que había aprendido en horas-viaje junto a Martín Redrado, y explicó que China debía admitir que la Argentina retuviese alguna facultad para poder litigar en caso de controversias por dumping u otras prácticas desleales.
Esas querellas podrían surgir, les explicaron a los chinos, más de las disparidades en volumen de las economía y de los sistemas de los dos países que de una voluntad expresa de perjudicar a la Argentina.
Los chinos comenzaron a acumular sobre la mesa toda la góndola de sus ofertas: primero levantar el volumen de las exportaciones de alimentos a la China a niveles que se volvieron irresistibles con el correr de la noche. Los papeles que acercó Chiaradía exponían que hoy la Argentina exporta por u$s 3 mil millones. Cuando se levantaron de la mesa, cerca de las 4, los chinos habían aumentado ese monto en u$s 4 mil millones más entre 2005 y 2008.
A eso sumaron compromisos para que lo que hoy son sólo promesas de negocios entre empresas de los dos países tengan algún grado de realidad. Nadie creía mucho en el monto de u$s 20 mil millones que había anunciado el gobierno sumando todo lo sumable.
Lavagna y Alberto Fernández insistieron hasta el final con la misma oferta de Kirchner en la reunión a solas del martes: sigamos el modelo canadiense, es decir admitir que ese reconocimiento se haga por etapas y según bandas.
El método consiste en sentar a negociadores de los dos países a describir pacientemente las posiciones aduaneras de los productos que se pueden llegar a traficar, establecer el costo del proceso de importaciónexportación de cada producto para la economía del competidor, valorar la importancia de ese proyecto para cada economía y establecer un mecanismo de compensaciones mediante plazos de apertura y aranceles de importación.
• Carta final
Cuando la negociación parecía cerrada, el jefe de Gabinete puso sobre la mesa la carta final: que ese reconocimientopor bandas de la economíade mercado rija reciéncuando China haya cumplido con las promesas de apertura de sus mercados hasta el total de u$s 7 mil millones, es decir recién en 2008. Se habían dado cuenta los argentinos que eran «banca» y los chinos «punto»; no se podían ir a casa sin el reconocimiento.
Por la tarde, cuando se volvieron a encontrar los chinos con los argentinos en la sala de edecanes del área presidencial para cerrar el acuerdo delante de Kirchner, traían la aceptación del propio Hu Jintao de esas condiciones. Lo que quedaba, hasta la hora de los anuncios, fue tema de un taller literario, llegar a la prosa exacta en la redacción de los anuncios.




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