17 de noviembre 2004 - 00:00

Kirchner no entregó las pymes como hizo Brasil

China cedió poco pero la Argentina no se ahogará. El difícil tema del intercambio va a estar en estudio. Sólo 5 acuerdos firmados. Uno favorece al país. Autorizan llegada de turistas chinos. Serían miles. Dos son neutros, sobre cooperación educativa y aeroespacial. El 4° conviene más a China. Es de colaboración en trenes a San Juan y al Pacífico. Transportarían a China commodities a bajo costo. La clave es lo que acuerde la futura comisión del intercambio. Es el 5° punto. La Argentina rechazó el mayor deseo de los chinos: que a sus productos baratos no se les apliquen normas antidumping, o sea se los declare como de «economía de mercado». Aquí sin vigilancia antidumping mataría a las pymes. Negociaban anoche solución a la canadiense: una «economía de mercado» pero para algunos sectores. Así el gobierno no cede de entrada como lo hizo Lula. Pero claro, Brasil ya aseguró ventas de carnes y de aves por u$s 800 millones más de lo que ya exportaba. China es hábil para negociar. Primero dejó entrar productos de todos los países. Ahora los supedita a que permitan la invasión de los suyos a un bajo costo. Su economía crece a 9%. Sabe que un tropiezo en el crecimiento afectaría mucho a las naciones latinoamericanas. Por eso pide que dejen de lado los controles antidumping. Todo un dilema abierto.

Alberto Fernádez
Alberto Fernádez
Néstor Kirchner rechazó ayer el pedido del gobiernode China de que la Argentina reconozca a ese país el estatus de «economía de mercado», algo que Hu Jintao había logrado de Lula da Silva hacía 48 horas en Brasil. «No voy a mentir a mi país», dijo en un momento de la charla a solas con Hu Jintao.

Ese reconocimiento implicaría admitir negocios con China en igualdad de condiciones y frenaría la posibilidad de litigar en casos de «dumping» contra ese país en los tribunales internacionales de comercio.

El diálogo que mantuvieron a solas -a pedido del mandatario argentino-en el despacho presidencial, antes de presentarse juntos en el Salón Blanco, fue amable, pero ríspido. Fue, además, la razón de que todos los actos se demoraran más de una hora. En su transcurso, el visitante reveló que lograr esa concesión de la Argentina era uno de los propósitos clave de la visita.

Tanto que anoche, mientras las delegaciones encabezadas por los presidentes cenaban en el Palacio San Martín junto con más de 300 invitados, en su mayoría, empresarios de todos los sectores, hubo ausencias clave: Alberto Fernández, Rafael Bielsa, el consejero de Estado, Tang Jiaxuan, el vicepresidente, Xu Kuangdi del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el vicepresidente Chen Zongxing del Comité Central del Partido Democrático de Campesinos y Obreros de China y el ministro de Agricultura Du Qinglin se embutieron en el piso 13° de la Cancillería para tratar de encontrar alguna fórmula de solución.

El empecinamiento de Hu Jintao era evidente: no quiere dejar hoy el país sin anunciar que la Argentina reconoce ese estatus, aunque sea con algunas condiciones. Cerca de medianoche, la reunión continuaba en la sala de reuniones contigua al despacho del canciller tratando de encontrar los chinos algo que ofrecer al país para convencer a la parte argentina de firmar la concesión.

¿Una ayuda para la reprogramación de la deuda, quizás? El tema, juraban anoche en Casa de Gobierno, no figuró en la charla a solas entre Kirchner y Hu Jintao, luego de que fuera el centro de las negociaciones hasta hace dos semanas, cuando el gobierno cometió el desliz de adelantar el «megaanuncio» que no fue. Tampoco nadie anoche en Cancillería estaba autorizado a hablar de deuda. Sólo negocios.

Apenas los dos presidentes se sentaron, sólo acompañados por dos traductores y dos «note takers», el visitante le expuso que el principal objetivo de este viaje era lograr esa concesión de la Argentina.

A
Kirchner no le costó el no; va con su temperamento de presidente golpeador arrancar con una negativa cerrada que permita después desescalar hacia algún acuerdo. «Si accedemos a ese reconocimiento -argumentó Kirchner-, no vamos a poder nunca examinar los costos de sus productos ni llevarlos al tribunal de la OMC si hay alguna controversia sobre lo que ustedes nos venden.»

• Convivencia difícil

En efecto, ese reconocimiento lo hacen los países no entre sí, sino ante la Organización Internacional de Comercio, un organismo nacido de tratados con los cuales una economía como la de China convive con dificultades.

Esos problemas nacen de
la rara mezcla que es China de una dictadura comunista con una estratificación social casi medieval con reminiscencias de mandarinato, conducida por una nomeklatura convencida de las bondades de la economía de mercado, sumada a la población más grande del mundo, con un stock interminable de mano de obra a costo bajísimo y con las posibilidadesde ser el mercado de consumo más grande del planeta.

Kirchner
cerró cualquier camino en la cita a solas a las argumentaciones de Hu Jintao, que tentó al Presidente con ofertas casi irresistibles. «Podemos ampliar las compras de carnes y otros productos alimenticios de la Argentina. Ponga usted el límite», se impacientó el mandatario chino.

«No es suficiente»,
paladeó Kirchner la situación. «Tenemos que pensar en otros mecanismos.» «¿Cuáles?», quiso saber Hu Jintao.

«No sé, quizás, ensayar el camino de Canadá»,
dice Kirchner. «Ustedes no son Canadá» (Hu Jintao). «Digo que Canadá no les ha aceptado el estatus de economía de mercado» (Kirchner). «Pero estamos negociando» (Hu Jintao). «Por eso digo -sonríe el Presidente- que ensayemos el camino de Canadá.»

Esa fórmula la aceptó por lo menos para discutirla el visitante. Consiste en establecer bandas de productos a importar y exportar entre las dos economías, describir su proceso de manufactura y la agregación de valor, reconocer la estructura de costos y autorizarlas de a una.

Es decir, admitir que la economía china es «de mercado» sólo en algunos productos, pero no en otros. Jintao
admitió que siguieran conversando las delegaciones sobre alguna fórmula que le permitiera avanzar y le dejó a Kirchner una advertencia amarga: es difícil que se avance más allá de cartas de intención para futuros negocios si la Argentina no admite ese estatus de economía de mercado.

Kirchner
cerró la charla explicando que él nunca podría enfrentar el rechazo que tiene Lula en Brasil de las empresas por la apertura hacia un país como China que puede invadir el país con productos de bajísimo costo.

Jintao
trató de convencer a Kirchner con el modelo de acuerdo entre China y otros países: «Mire usted lo que hemos hecho en otros países: en Angola hemos puesto u$s 5 mil millones en el primer año del acuerdo con ese país, en Venezuela estamos en un año invirtiendo u$s 2 mil millones».

Pidió también comprensión hacia su país: «No podemos -explicó- invertir como gobierno; usamos a las empresas para que firmen los acuerdos». «Pero las empresas de su país son del Estado -le sonríe Kirchner-, no como acá; de eso le tengo que hablar», y lo acompañó al Salón Blanco.

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