27 de abril 2006 - 00:00

Kirchner y Lula más críticos con Tabaré, Evo; Chávez apaciguado

«Es el triángulo de las Bermudas», gritaron los anfitriones de Lula da Silva al contemplar cómo habían ordenado las mesas en las cuales iban a pasar toda la mañana en un diálogo ríspido que trataron, al salir de exhibir como de «diez puntos» (palabra de Presidente, lo dijo Néstor Kirchner).

En ese diagrama, enfrentados, Lula, Kirchner y Hugo Chávez despacharon una agenda de desencuentros que incluyó quejas sobre los movimientos de Tabaré Vázquez, broncas por los devaneos gasíferos de Evo Morales y, de paso, un reto a Chávez por consentirlos en la cumbre de Asunción de la semana pasada. «Hermanos, este fin de semana lo veo a Evo en La Habana, adonde nos invita Fidel, y lo voy a poner en vereda», se despidió el bolivariano.

Por partes, las 18 horas que se pasó Kirchner en el Sofitel de San Pablo dieron para mucho. La larga cena del martes junto a las delegaciones que acompañaron a Lula y a Kirchner y el maratón de ayer sirvieron para que Brasil tuviera más claridad sobre la crisis de las papeleras. El maratón de ayer junto a Chávez sumó al debate una ampliación del megagasoducto Caracas-Buenos Aires a nuevos socios, una manera de rescatar alguna racionalidad en la ola de nuevos proyectos a la que aportaron Evo Morales y Nicanor Duarte Frutos en la cumbre alternativa de la semana pasada. Aquí un filme y por orden:

  • Como si esperase el planteo, Lula abrió el diálogo en la cena de anteanoche con una revelación: «Acá vino Tabaré Vázquez a decirme que la Argentina le quiere cortar el gas; por eso me pidió que firmáramos un documento de apoyo al Uruguay en la pelea que tienen con ustedes». Kirchner tomó aire y arrancó con una larga exposición de la postura argentina que remató con esta síntesis: «Lo único que pedimos es que se haga un estudio ambiental que diga que las plantas no van a contaminar y, en el caso de que lo hagan, qué medidas van a tomarse para que eso no cause daño». Lula: «¿Por qué no se hace el estudio?». Kirchner: «¿Por qué no se hace? Preguntale a Tabaré».

  • Un segundo párrafo lo dedicó Kirchner a describir la situación interna de Vázquez: ha logrado unir a la oposición de colorados y blancos detrás de esta bandera, pero se le triza la alianza de gobierno y si cede puede entrar en zona de peligro. «La culpa la tiene el viejo», dice Kirchner. ¿Qué viejo? pregunta al brasileño. «El viejo, Batlle; él es culpable de todo, él tomó el compromiso y ha condicionado a su sucesor porque lo han convertido en una bandera nacional.» Lula, que no tiene problemas con la edad (Kirchner sí, por eso llamó «gerontes» a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa) escuchó en silencio y aportó: «Hay que hacer ese estudio ambiental, ¿cómo no se va a poder hacer si en el gasoducto que estamos planeando desde Venezuela de lo que más hablamos, en lo que estamos gastando más tiempo es precisamente en prever el impacto ambiental».

  • Kirchner explicó también que el gobierno de Tabaré era débil ante la finlandesa Botnia. Contó que cuando se había anunciado la reunión de La Anchorena, el mes pasado, todo había fracasado al decir esa firma que no pararía la construcción. «Falló la empresa, por eso le reclamé en público a Botnia y a Finlandia», dijo Kirchner.

  • Faltaba algo de filosofía y lo trajo el postre: reflexionaron los presidentes sobre la necesidad de fortalecer la relación. Si ven de afuera que tenemos diferencias, aportó uno de los ministros (estaban Julio De Vido, Alberto Fernández, Jorge Taiana, Celso Amorim, Marco Aurelio García, los embajadores Juan Pablo Lohlé, Mauro Veira, entre otros), ¿cómo no van a avanzar otros países con gestos como el de Asunción, donde lanzaron un gasoducto que va de Bolivia al Paraguay y al Uruguay y dicen que no quieren que el gas pase por la Argentina. «Eso me dijo Tabaré -insistió Lula- que no hay que permitir que vaya gas a la Argentina, si ella le corta el suministro actual de gas para no alimentar las papeleras». Eso lo hablamos mañana con Chávez, se complotaron antes de irse a dormir.

  • El tramo gasífero de la cumbre se retomó en la mañana de ayer en «el triángulo de las Bermudas», ese combiné de tres mesas. Chávez pronunció la frase de la jornada: «Perdón, hermanos presidentes, pero fui a la cumbre de Asunción de bombero y he vuelto incendiado». Explicó que había respondido a esa invitación de Evo y de Duarte Frutos porque son presidentes en problemas. Al primero le cuesta más que a nadie el aprendizaje presidencial; al segundo, lo cerca la oposición que trata de frenarle el proyecto de reelección levantándole un juicio político a la Corte que le ha respondido en esa iniciativa. Le preguntaron qué era eso de un gasoducto que nacía en Bolivia y terminaba en Uruguay sin pasar -un imposible geográfico- por Brasil ni la Argentina. «Es un invento de Tabaré», dijo Chávez; «nos dijo en Asunción -relató- que es una necesidad porque la Argentina le quiere cortar el gas a Uruguay.» Kirchner negó de nuevo esa eventualidad (aunque ha sido analizada en la Cancillería dentro de una escalada de agresiones si la crisis no se disipa).

    De ese debate surgió el principal aporte de la jornada: invitar a todos los países de la región a sumarse al proyecto del gasoducto. Primero de todos, Bolivia, pero también a Colombia, Paraguay, Uruguay y a otros que puedan aportar o comprar fluido. Los mandatarios de esos países serán invitados a la cumbre política de setiembre próximo (ver nota aparte).

  • Que Chávez reconociera el error de haber ido a Bolivia sirvió para que Lula y Kirchner le puntualizaran más incongruencias en su conducta con el bloque regional. A esta altura los ministros de Energía de los tres países ya habían expuesto detalles del gasoducto grande a los presidentes, con derroche de power point, mapas y cuadros explicativos de cada tramo. El bolivariano admitió que ése es el único gasoducto real a hoy. El de Bolivia, agregó, si se hace, termina en Paraguay. Que se mencionase esa dupla dio motivo a nuevas quejas. Bolivia puja por llevar el precio de exportación del gas al nivel que tiene en los Estados Unidos, mientras que los clientes de la región tratan de mantenerlos en los valores acordados localmente.   

  • Lula agregó otra bronca, la cancelación por Evo Morales de un proyecto siderúrgico en la frontera, sobre el yacimiento de El Mutún, en donde se van a perder mas de u$s 50 millones ya invertidos. «Tengo al jefe de gabinete de la Cancillería hoy en La Paz para tratar de parar esa agresión», se enojó Lula.
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