La Argentina copia a Cuba y a Nicaragua para ahorrar energía
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El plan de ahorro energético norteamericano, por ejemplo, dice que un hogar gasta 11% de su consumo de energía en iluminación y que, tomando las medidas adecuadas, puede ahorrar hasta 80%. En EE.UU., el control de apagado de luces es una de las prioridades recomendadas a través de temporizador es, células fotoeléctricas o sensores de presencia para reducir la cantidad de tiempo en que las luces están encendidas.
Ahora, lo que más se usa son las luces de descarga de alta intensidad ( highintensity discharge o HID) o las luces de vapor de sodio a baja presión.
Todos estos productos son accesibles al bolsillo del ciudadano medio estadounidense, mientras las tarifas eléctricas son altas.
Igualmente, no puede olvidarse que sólo ese país consume 30% de la energía del planeta. La iniciativa en EE.UU. es eliminar el uso de las bombitas históricas antes de 2016. En algunos estados donde el consumo es muy alto, como en California, la idea es hacerlo antes de 2010.
En la Argentina, la última tecnología para crear una vivienda inteligente que use racionalmente la energía es inalcanzable para más de 80% de la población. Teniendo en cuenta lo más básico, las lamparitas, reemplazar una incandescente por una de bajo consumo significa más que quintuplicar el presupuesto en lámparas. Mientras las comunes se consiguen por poco más de $ 2, las de primeras marcas recomendadas no bajan de $ 15.
Los estudios muestran que habría un ahorro por la duración que tienen las de bajo consumo, pero se hace evidente después de los 3 años de uso y alcanza alrededor de los $ 3 por año.
Lo positivo es que no sólo cada vez más países se suman al recambio de lámparas (Gran Bretaña, Nueva Zelanda e India, por ejemplo) sino que hasta las empresas están comprometidas con la iniciativa. Philips, el mayor fabricante de iluminación del mundo, ya anunció planes para dejar de comercializar bombitas incandescentes, al menos en Europa y Estados Unidos, antes de 2016.
La escasez de gas es otro problema en el que ya trabajan los países del Primer Mundo.
También en EE.UU., la nueva campaña de ahorro oficial indica: «Apague las lámparas decorativas exteriores de gas natural. Sólo ocho de esas lámparas encendidas todo el año usan tanto gas natural como el que se necesita para calentar una casa promedio durante todo el invierno».
En Cuba, mientras tanto, la pelea contra la falta de gas se contrarresta con otro tipo de planes. La entrega a través de la libreta de racionamiento, de ollas arroceras eléctricas, fue uno de los últimos proyectos.
En una nueva contradicción, la olla arrocera china que se conseguía en el mercado negro cubano por estar prohibida su venta (incluso su importación) por el gran consumo energético que demandaba, pasó de un día para el otro a ser, en los discursos oficiales, el alivio del ama de casa obligada a cocinar con querosén por no contar siquiera con gas.




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