El director gerente del FMI, Rodrigo de Rato, insistió ayer en señalar que la Argentina debe «establecer una estrategia realista» para los acreedores que no aceptaron el canje de deuda. El funcionario se plegó así a las declaraciones que había realizado el Nº 2 del Tesoro estadounidense, Randal Quarles, quien señaló ante el Congreso de su país que solucionar el tema de los bonistas que quedaron afuera «es clave para el desarrollo económico» argentino. Rato formuló declaraciones desde Francfort, Alemania, en el marco de una jornada organizada por el propio FMI y el Bundesbank. Allí ratificó que el 20 de junio el directorio de la institución tratará el «caso argentino». Se trata de una revisión integral de la situación económica del país y las proyecciones para los próximos años. «Luego corresponderá a las autoridades argentinas decirnos si quieren un nuevo programa» del FMI, añadió Rato.
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Pese al pedido de solución para los bonistas que rechazaron la oferta (conocidos en la jerga financiera como «hold outs»), Rato calificó como «un importante paso adelante» la reestructuración de la deuda conseguida por la Argentina, aceptada por 76,15% de los bonistas. Sin embargo, la preocupación está centrada en el casi 24% que quedó afuera y que cuenta con un total de u$s 20.000 millones en bonos.
Se descuenta que el tratamiento que recibirán los bonistas que no aceptaron el canje en el futuro será uno de los escollos a superar próximamente en la negociación con el Fondo. El gobierno descartó la reapertura del canje o realizar acuerdos extrajudiciales. Sin embargo, el propio presidente Néstor Kirchner reconoció que se trata de un «pasivo contingente», dejando traslucir que se buscará algún tipo de solución. Rato aprovechó ayer su presencia en Alemania para referirse a la marcha de la economía en la Unión Europea. Dijo:
• El euro es uno de los grandes éxitos de Europa, un instrumento importantísimo para ayudar a los paíseseuropeos en un mundo globalizado. Por otra parte, aportó al mundo una segunda moneda de reserva que le hacía falta.
• La moneda única por sí misma no puede garantizar la prosperidad, que depende de las reformas económicas aplicadas por los gobiernos a nivel nacional.
• La política monetaria actual del Banco Central Europeo es apropiada, pero observamos un crecimiento más lento en la región. Si el debilitamiento de la demanda interna persiste más allá del tercer trimestre entonces será necesario actuar, y una de esas acciones es la política monetaria (sugiriendo una baja de las tasas).
• El FMI no observa por el momento riesgos inflacionarios en la zona euro. Los desequilibrios mundiales no constituyen una amenaza sino un riesgo, y ese riesgo es creciente.
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