Por primera vez desde la salida del default, el gobierno argentino, a través del propio Néstor Kirchner, hablará de un tema hasta ahora tabú: la situación de los bonistas que no aceptaron la oferta de salida del default y que quedaron fuera del canje. El Presidente hablará necesariamente de este capítulo cuando mañana se encuentre en privado con el primer ministro italiano, Romano Prodi, con quien se buscará relanzar la relación bilateral, prácticamente inexistente desde enero de 2002, cuando la Argentina se declaró en default.
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Obviamente, el tema de los bonistas italianos no será el único capítulo del encuentro. Sin embargo, resultó una condición «sine qua non» para que la cumbre se pudiera realizar. La agenda de los dos presidentes abarca, además, la intención de relanzar los « tratados de cooperación» firmados a fines de los 80 entre los dos países, suspendidos desde la declaración del default, y la idea de convertir a Italia, luego de España, en un socio estratégico de la Argentina ante la Unión Europea (UE).
El contenido definitivo del temario se terminará de negociar esta tarde, cuando se encuentren los cancilleres Jorge Taiana y Massimo D'Alema para discutir la situación.
Kirchner y Prodi se encontrarán mañana en el Waldorf Astoria, hotel de Nueva York donde el italiano se hospeda y hasta donde llegará el argentino. Obviamente, éste no será quien introduzca el tema de los bonistas que quedaron fuera del default (unos 200.000 con títulos por u$s 4.000 millones), pero estará preparado para responder con una propuesta que desde hace varios meses se diseña en Buenos Aires. Esta consiste en tres puntos: la salida no será inmediata (tendrá que ser responsabilidad del próximo gobierno), será en peores condiciones que las de los bonistas que sí ingresaron al canje (quita final de 65%) y deberán intervenir los bancos o las entidades financieras italianas que colocaron los títulos luego impagos. Se supone que Prodi rechazará de plano la posibilidad, pero la idea de los argentinos es aceptar un comienzo de las negociaciones en este capítulo, para encontrar en el largo plazo una eventual solución al conflicto.
La intención argentina es que el tema esté en la agenda, pero con una solución a largo plazo y que les permita a los dos países retomar sus relaciones comerciales y políticas bilaterales. «La clave es que haya clima de diálogo en este tema, que haya negociaciones, pero que la solución demande todo el tiempo que se necesite», reflexionaba ante este diario la fuente de la delegación argentina.
Antecedentes
No será la primera vez que este esquema se discute entre funcionarios de los dos países. Extraoficialmente, y antes de convertirse en canciller, D'Alema habló de esta situación con funcionarios argentinos, incluyendo al ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez, con el que el italiano mantiene una relación amistosa. Pero fue en julio pasado, cuando visitó Buenos Aires el viceministro italiano para América latina, Donato Di Santo, y se encontró con el vicecanciller Roberto García Moritán, cuando la maquinaria bilateral comenzó en secreto a ponerse en funcionamiento.
Obviamente, Kirchner intentará que el conflictivo tema de los bonistas quede rápidamente a un lado para poder concentrarse en otros capítulos. El argentino lleva así una propuesta al encuentro que, aseguran, entusiasmará a Prodi. Es el relanzamiento de los «tratados de cooperación» entre los dos países, firmados a fines de los 80, cuando Raúl Alfonsín era presidente y a través de los cuales empresas italianas podrían exportar a la Argentina con diferentes beneficios y líneas de crédito oficiales del país europeo. Estos programas están prácticamente desmantelados desde la declaración del default, y son reclamados por muchas empresas italianas presentes en la Argentina y que tendrían la posibilidad de obtener insumos con ventajas comparativas. Antes fueron motivo de denuncia por corrupción en Italia, en lo que se llamó la «tangente» y la operación «mani pulite».
Además, Kirchner propondrá que Italia se convierta en un socio estratégico del país ante Europa.
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