La otra conspiración de banqueros y reguladores
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Los bancos recibían depósitos a corto plazo y prestaban a largo plazo, pensando en la renovación permanente de los depósitos del sistema. Cuando el Estado interfiere en los contratosentre particulares y refinancia una parte del activo del banco (por la compensación de la «pesificación asimétrica» o por los préstamos a las provincias), «estira» el plazo de pago del activo a una tasa de interés inferior al costo de captación (el pasivo) de los bancos, y desplaza el «rate gap» hacia la derecha. En ese momento, hay pocas cosas que el banco pueda hacer, salvo bajar el gasto todo lo posible, crear un fideicomiso, transferirle una buena parte de su cartera y colocar entre sus depositantes y otros inversores los certificados de participación, convirtiendo su principal actividad en la de un banco de inversión.
Pero el Banco Central obligó a las entidades a hacer esto. En lugar de festejar una Ley de Intangibilidad de Depósitos, debió obligar a las entidades a colocar la cartera «larga», o a colocarla en swaps, o intentar modificar los contratos con los deudores ofreciéndoles cláusulas de «open end» (de plazo variable) que implican mantener el valor de los flujos (las cuotas) agregando los vencimientos al del período, todas las veces necesarias durante la vida del préstamo y así evitar la mora del deudor. Obligó a los bancos a venderle sus dólares compulsivamente a $ 1,40 y les entregó los pesos, con los que cada hora debían atender las medidas cautelares decretadas por los jueces por los depósitos en dólares. Para más datos, la acusación contra el Banco General de Negocios era «violar el corralito».
En verdad, la génesis de este proceso está en la tendencia de los gobiernos a desobedecer la ley por razones políticas, « exponiendo el derecho de propiedad a la demagogia de los populistas sin propiedad ni responsabilidades», como lo señalara John Marshall hace casi 200 años. Washington decía en su testamento político, hace 211 años, que la Constitución «tal como existe, hasta que sea reformada por un acto auténtico y explícito de todo el pueblo, es sagrada y obligatoria para todos: si el pueblo cuenta con el deber y el derecho de establecer un gobierno, presupone el deber de cada individuo de acatar la Constitución: todo intento de impedir la aplicación de las leyes destruye este principio fundamental y tiende a producir consecuencias fatales».
Años más tarde del invento regulatorio, la Justicia pretende actuar. Pero de acuerdo con el dictamen del fiscal, está buscando una enorme masa de banqueros conspiradores en el sector privado, que no tenían otra alternativa que obedecer el Decreto 1.501/01 bajo la amenaza de un sumario en los términos del Art. 41 de la Ley de Entidades Financieras, cuando todo lo que debería hacer es preguntarles a los burócratas que redactaron las normas si estaban sobrios. De otra manera, la sociedad caerá en el vacío, como cuando en el inmortal cuento de Ortega y Gasset, el gitano le responde al cura que le preguntaba si conocía los diez mandamientos: «Padre, yo los había aprendido, pero he oído por ahí el runrún de que los iban a quitar».




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