De la subasta de energía participan 53 empresas, de las cuales 35 son compradoras y 18 son generadoras que disponen de un stock de energía eléctrica para colocar en el mercado. La subasta no incluye la oferta de energía nueva, que depende de proyectos de construcción de usinas.
Esta subasta presenta la novedad de que la negociación se hace a partir de los lotes y los precios ofertados por las generadoras, y no a partir de la demanda de las distribuidoras. Las distribuidoras comunicaron previamente al Ministerio de Minas y Energía la cantidad de energía que querían comprar, y el gobierno colocó el precio inicial de la subasta.
El gobierno ideó ese sistema para facilitar una rebaja de la factura eléctrica, dado que si la oferta supera esa demanda desconocida por el mercado, el precio de los lotes ofertados tiende a caer.
Según Antonio Fraga Machado, superintendente de la Cámara de Comercialización de Energía Eléctrica (CCEE), que organiza la subasta, «uno de los objetivos del nuevo modelo de negociación entre generadoras y distribuidoras es que bajen los precios de energía eléctrica para los consumidores». Fraga Machado destacó también que el nuevo marco regulatorio del sector eléctrico garantiza que no haya nuevos problemas de abastecimiento. En 2001, Brasil sufrió una crisis energética debido a la falta de inversiones en el sector. Según estimaciones del mercado, durante la subasta se negociará cerca de 60% de la electricidad que ya existe en Brasil, y los precios finales serán un termómetro para los inversores que quieren apostar en la generación de energía eléctrica en el país.
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