20 de agosto 2001 - 00:00

Las desgracias de la Argentina

Ocho meses después de haber recibido un blindaje financiero por $39.700 millones, la Argentina golpea nuevamente las puertas del Fondo Monetario Internacional. Las conversaciones se han prolongado porque los responsables de formular políticas económicas enfrentan un gran dilema.

La Argentina está tratando de conseguir una nueva ayuda adicional de entre $6.000 millones y $9.000 millones principalmente para fortalecer su sistema bancario. Sin ese apoyo, la liquidez bancaria podría desvanecerse, se correría el riesgo de un congelamiento de depósitos y se tendrían que tomar medidas de emergencia que podrían tener un efecto catastrófico sobre las perspectivas económicas del país.

De todas maneras, no serviría de nada que el Fondo desembolse ese dinero solo para que la Argentina vuelva dentro de dos o tres meses a la misma posición en la que se encuentra ahora. A menos que la economía empiece a crecer -este es el tercer año de recesión- la crisis se profundizará.

Por lo tanto, cualquier ayuda adicional tiene que ser parte de un paquete financiero que tenga como objetivo restablecer la confianza. La debilidad del dólar este último tiempo -con el que el peso mantiene una paridad de 1 a 1 bajo el sistema de convertibilidad- aparece como una luz en el camino. Sin embargo, el ajuste de la tasa de cambio será difícil ya que un gran porcentaje de los contratos financieros está expresado en dólares.

Un enfoque alternativo debería centrarse en la reducción de la carga de la deuda pública. La disciplina fiscal es un prerrequisito. En este contexto, los signos son positivos. El gobierno ha ganado fuerte apoyo político gracias a su plan de déficit cero. Ahora hace falta implementarlo.

Algunos vencimientos de la deuda ya han sido reestructurados pero esto no ha generado confianza en parte por que los inversores ya prevén problemas para fines del año que viene. Por esta razón el gobierno debería analizar una reducción de la deuda más detenidamente.

Una fuerte reducción de los intereses de la deuda combinada con una política fiscal estricta podría reducir la deuda en relación con los ingresos nacionales. Los inversores de deuda pública sufrirían pérdidas pero ya han disfrutado de los altos rendimientos ofrecidos por los títulos argentinos: ahora tienen que prepararse para aceptar que ese tipo de recompensas siempre implica riesgos.

Una reestructuración de la deuda será compleja, en parte porque los fondos de jubilaciones y pensiones son grandes inversores de títulos de deuda, pero es necesaria aunque el FMI decida darle fondos (liquidez) al país.

Esta única medida no alcanza para salvar a la Argentina. También es necesario llegar a un acuerdo con los dueños extranjeros de los bancos comerciales para evitar que reduzcan sus balances en Argentina. Otro acuerdo debería lograrse con los sindicatos para acelerar y asegurar la competitividad a través de la poda de salarios. Todo esto, si se lleva a cabo con determinación, podría liberar al país de su deuda y de las trampas cambiarias en las que ha caído.

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