La historia dice que los gobiernos demócratas se han caracterizado por ser favorables en poco más de un punto porcentual por año para los tenedores de acciones (en contra de cierta presunción que se ha instalado), frente a los republicanos. La historia también dice que noviembre es el mejor de los meses, cuando quien gana una elección es el rival y no quien busca su reelección. Aun así podríamos decir que esta vez el mercado no apuesta demasiado por la gestión de Kerry, si es que, como parece, resulta cierto que al conocerse los primeros cómputos de la elección presidencial el mercado se derrumbó viendo que los demócratas llevaban la delantera. Claro que también nos queda la hipótesis de que más que indicar un triunfador, los datos que conoció el mercado fueron apenas una señal de problemas que harán de los abogados la verdadera estrella de los comicios. Frente a esto, poco importó que el petróleo cerrase en u$s 49,62 por barril, que Nextel resolviera sus problemas legales con Versión, e incluso que Merck se desplomara al mínimo en algo más de ocho años, tras conocerse sus problemas con el antiartrítico Vioxx. Mirando tan sólo el 0,19% que perdió el Dow al cerrar en 10.035,73 puntos -y especialmente 0,25% que ganó el NASDAQ o 0,01% de suba que le correspondió al S&P 500-, no deberíamos alarmarnos. Pero que finalmente se negociaran casi 1.700 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.900 en el electrónico, cuando se esperaba una caída importante del interés de los inversores, sugiere que más de uno se asustó ayer. Esperemos que no importando quien gane, se reconozca al nuevo presidente de una vez y sin dilaciones.
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