2 de enero 2017 - 23:26

Las promesas de 2017: ¿qué pasará con el Trump rally?

TRAS UN 2016 CARGADO PARA EL SISTEMA FINANCIERO - La luna de miel no se acabará el próximo 20. El presidente electo avanza demoledor, pero no come vidrio.

Donald Trump y Janet Yellen
Donald Trump y Janet Yellen
El año 2016 no prometía mucho y nos trajo de todo. Empezó con una corrección profunda (la segunda en seis meses) y el mal aliento de un posible mercado bear en Wall Street. Se zafó en dos tiempos. Cuando Jamie Dimon, el mandamás de JPMorgan, les puso el pecho a las balas. O, más bien, su propia billetera personal. Con ella pagó 26,6 millones de dólares por medio millón de acciones de su banco, y así detuvo el pelotón de fusilamiento. Esos mismos papeles, a la fecha, se apreciaron el 60%. Y fue fundamental que Janet Yellen, el timón de la Fed, borrara el sino de cuatro subas de tasas que preconizaba el banco central para todo el año. A la postre, sería una sola (gatillada con estratégica tardanza un par de semanas atrás). "Cautela", prescribió Yellen. Y ya se conoce la paradoja del riesgo moral. Si la Fed es prudente, los mercados pueden correr hacia el peligro. El Dimon/Yellen rally duró hasta que Gran Bretaña se despachó con el "brexit" a fines de junio. Allí sobrevoló el fantasma de un momento Lehman. Pero los fantasmas no existen, y la realidad de las tasas negativas, curvas enteras hundidas bajo cero en Europa y Japón, sí. Y, dos ruedas más tarde, se retomó la bonanza de las plazas financieras a tambor batiente (sobre el parche de un probable estancamiento secular). Hasta que sobrevino el triunfo electoral de Donald Trump en los EE.UU. el 8 de noviembre. Y un día después, elaborado el duelo, se lanzó el formidable Trump rally que llevó a Wall Street a una andanada de nuevos récords absolutos, sin el lastre mental -de los últimos años- de pensarse incurso en los pecados de gula y burbuja. Trump resucitó el "sueño americano" (y el superdólar) y enterró el escenario de estancamiento, las tasas negativas, las expectativas tibias y la corrección política. Aunque su presidencia recién comience el próximo 20. A 2016 no le faltó nada. O casi nada. El Dow Jones en 20.000 puntos se mancó a sólo 20 unidades de distancia. Y dos semanas de merodeo no consiguieron quebrar la vara. ¿Lógico descanso? ¿Agotamiento? ¿Quizás, el fin de un bluff?

¿Qué cabe esperar en 2017? La lección del año que pasó es que, de antemano, no hay que tachar ninguna variante por extraña que parezca. ¿Quién, ex ante, asoció "brexit" y Trump con una Bolsa rugiente? 2016 registró cuatro estaciones con agendas temáticas bien marcadas. Y enero tiene el mojón de Trump y su asunción del mando. Solo la Bolsa, con la prepotencia de sus cotizaciones, presume de saber qué hará el presidente entrante. Pero tampoco lo sabe. Y la realidad le tomará examen. Los primeros 100 días serán un huracán. El que golpea primero golpea dos veces. Y eso es lo que Trump viene haciendo, desoyendo consejos de prudencia, mientras avanza demoledor. Pero no come vidrio. El personaje grotesco de campaña se civilizó en la transición, y calzará un traje formal más republicano una vez en funciones.

¿Qué suerte le espera al Trump rally? Ya no hay necesidad de vestir la cartera con acciones; se pueden vender y beneficiarse de una futura reducción de impuestos. Y se cierra la ventana de impunidad que permite aseverar que Trump hará tal cosa, o tal otra, mientras Obama gobierna. Un paso atrás, o dos, paradójicamente, pueden darle el espacio y el tiempo necesarios para tomar nuevo impulso. El Trump rally no va a morir de inanición. No va a perecer por desidia ni víctima de un súbito ataque de espíritu recoleto. Tampoco porque no satisfaga la métrica razonable de una valuación convencional. Morirá en su ley. Lo hará cuando choque contra una realidad que le dé la espalda (y antes tratará de embestirla y, como hasta ahora, llevársela puesta). Es improbable que fenezca antes que lo haga la luna de miel con Trump. Y la empatía no se va a cortar el 20 de enero a menos que la destroce un error monumental de un presidente muy apurado. O la represalia desproporcionada que produzcan sus movimientos. Si es así, la suerte del Trump rally seguirá en manos de Trump.

Dejá tu comentario

Te puede interesar