Carlos Tomada informó a la Cámara Argentina de Comercio (CAC) más detalles de cómo será la futura ley de riesgos de trabajo que, de todos modos, no sería enviada en lo inmediato al Congreso.
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En un almuerzo que compartió ayer con Carlos de la Vega -titular de esa entidad- junto con una veintena de empresarios del sector servicios, el ministro de Trabajo adelantó que los «comités mixtos» de patronos y obreros previstos en la futura norma, encargados de discutir seguridad industrial, «serán asesores y no vinculantes», que las indemnizaciones por accidentes «in itinere» (los que ocurren de camino o de regreso del lugar de trabajo) efectivamente tendrán un tope y que se evitará la doble vía (cobro de indemnización de la ART y luego juicio reclamando un monto mayor).
Se trata, obviamente, de los tres puntos centrales que vienen quitándole el sueño al empresariado desde que la Corte Suprema dictaminó que los topes indemnizatorios que fija la ley vigente son inconstitucionales. De todos modos, cabe destacar que el de Tomada no es el único proyecto en danza: también Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia, está elaborando el propio y no se sabe cuál finalmente tomará estado parlamentario.
Tomada agregó en el encuentro que el gobierno tratará por todos los medios de que la futura norma no implique una suba de los costos para las empresas, pero a la vez anunció que mejorará las indemnizaciones, dos afirmaciones que a priori parecen difíciles de conciliar. Aseguró que «el costo del sistema no superará 3,5% del total de los costos de las empresas».
Modernización
En relación con el «in itinere», no reveló si el tope al que se refirió rondará los $ 100.000 como viene rumoreándose desde hace algunas semanas. En lo que hace a normas de seguridad e higiene, la CAC acotó que deben ser modernizadas porque datan de los años 70 y están basadas en las necesidades del sector industrial. El reclamo es casi obvio: la CAC representa al sector servicios, cuya realidad difiere de la industria. Tomada les respondió que esa discusión deberá darse en el marco de las convenciones colectivas.
«A mí me quedó la sensación de que no será pronto que se envíe esta ley al Congreso», dijo De la Vega en diálogo con este diario. El dirigente afirmó que el almuerzo -que se extendió por más de dos horas y media- «fue muy cordial, y el ministro respondió a cada una de nuestras preguntas.» Quizá también lo haya hecho en sus encuentros con directivos de la UIA, sólo que en esta ocasión no impuso la «ley de la mordaza» y no recomendó silencio a sus ocasionales interlocutores.
«Le pedimos que la futura ley genere previsibilidad, como una forma de alentar la creación de empleo y no lo contrario. También que no vulnere la Constitución, porque no queremos que se repita lo del fallo de la Corte», agregó De la Vega.
Tras la entrada de cóctel de camarones, un principal de lomo «sanglant» con papas y una mousse de chocolate, con el café llegaron los interrogantes más políticos: le preguntaron a Tomada qué previsiones de conflictividad manejaba para 2007. Respondió: «muy baja», y explicó que esto se debe a que «también la inflaciónestará muy acotada y controlada». También se habló de la «imperiosa necesidad» (como dijo De la Vega) «de controlar y acotar el trabajo en negro, un flagelo que les pega tanto a los trabajadores como a los empresarios que tienen todo en blanco».
Igual que hiciera la UIA, los directivos de la CAC le pidieron que cuando se discutan salarios en negociaciones colectivas, «se tome en cuenta la realidad de cada región». El argumento es que no es igual lo que cuesta vivir en una urbe como Buenos Aires que en una ciudad o pueblo del interior. Además, que las pymes constituyen la gran masa productiva de las provincias, y que en muchos casos las convenciones colectivas las dejan «fuera de juego» porque parecen pensadas sólo para grandes empresas.
Hubo tiempo para hablar del «método Moyano de reafiliación sindical»; los empresarios le pidieron que le pusiera coto a esa metodología ya que -dijeron- provoca perjuicios e incertidumbre. Entre la veintena de comensales se contaron Eduardo Gruneisen (ILHSA), Juan Carlos López Mena (Buquebús), Artin Kalpakian (Kalpakian), Pedro Sáenz (Gas Natuaral BAN), Fabio Fabri (Carrefour), Gastón Wainstein (Wal-Mart) y Ovidio Bolo.
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