Néstor Kirchner y Hugo Chávez anunciarán hoy en conjunto el «salvataje» de SanCor, a pesar de que hasta ayer a la noche los técnicos de la láctea seguían en Caracas negociando los «detalles» del supuesto convenio con funcionarios del gobierno bolivariano. «Faltan meses para que pueda decirse que hay un acuerdo», dijo una fuente cercana a la negociación.
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Eso puede ser lo económico; lo político parece definido: además de la foto de ambos mandatarios estrechándose en un abrazo solidario que se publicará en los diarios de mañana, ayer el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le dio la bendición oficial al aporte que hará Venezuela de u$s 80 millones a cambio de diez años de 5.000 toneladas anuales de leche en polvo.
Fernández había estado reunido el martes con Oscar Carreras, presidente de la cooperativa, y otros dirigentes de la empresa. También participó de la prolongada reunión la ministra de Economía, Felisa Miceli. Los hombres de SanCor habían concurrido a la Casa Rosada esperando ser recibidos por Kirchner, quien prefirió la gestión por las papeleras con el enviado del rey de España. La expectativa estaba centrada en escuchar de labios del Presidente cuál era el camino que debían seguir.
Eso no sucedió, pero ayer Fernández se encargó de marcarlo no muy elípticamente: en declaraciones radiales dijo que «SanCor es una empresa muy significativa para toda la Argentina. Representa muchas fuentes de trabajo y aparte es líder de la industria láctea, sector en el que la Argentina tiene mucho potencial y mucha presencia en los mercados internacionales. Una de las alternativas que estudian para salvarla es la propuesta hecha por Venezuela».
Horas antes, Carreras había explicado con lujo de detalles las ventajas de la asociación con Adecoagro, la empresa que tiene a George Soros como accionista principal. Les dijo a los ministros que ese acuerdo no implicaba la desaparición del esquema cooperativo, sino que la cooperativa se convertía en socia ( minoritaria, es cierto) de una nueva sociedad anónima con Adecoagro como mayoritario.
Carreras agregó que el acuerdo con Venezuela terminaría favoreciendo sólo a ese país, porque SanCor debía transferir tecnología y técnicos; en cambio, la asociación con Adecoagro conllevaba el pago casi total de la deuda (para eso se vendería la unidad de leches especiales, que no forma parte del negocio principal de la firma) y se aplicarían u$s 70 millones que aportará Adecoagro. También se utilizarían u$s 50 millones de capital operativo comprometidos por la gente de Soros para mejorar los pagos a proveedores, y se proyectaba pasar de cuatro millones de litros diarios a 6 millones/día. Esto -dijeron- obviamente redundará en una mejor oferta no sólo en exportaciones, sino también en el mercado interno.
Biodiésel
Finalmente, explicó que SanCor procesa apenas 14% de los derivados de leche que se venden en el país, lo que la deja lejos de ser la principal proveedora del mercado interno. El esquema propuesto por Adecoagro prevé también la destilación del trigo para producir biodiésel, y utilizar los desechos de esta destilación para alimento de las vacas lecheras.
La pelea, entonces, parece recién empezar, aunque sería una ingenuidad pensar que la láctea (o cualquier otra empresa, por caso) podrá asumir una actitud de abierto desafío al gobierno. A pesar de que Julio De Vido le había asegurado a Soros que «fuera para adelante» con la compra de SanCor y de que Miceli también le diera luz verde.
En tanto, en Caracas la reunión se cerró sin que se hablara de cifras, en especial, el polémico importe de u$s 80 millones que prometió Chávez. El empréstito bolivariano es poco más de la mitad de lo que les habían prometido a los técnicos de SanCor en conversaciones preliminares, o sea, u$s 150 millones.
La gran duda es qué decisión tomarán los 1.600 productores agrupados en la cooperativa cuando deban votar en asamblea cuál de las dos propuestas prefieren. Si bien la reunión no tiene aún fecha -iba a ser alrededor del 10 de febrero próximo, cuando se vencen los 90 días del «due dilligence» pactados con Adecoagro-, ya se perciben dos posiciones entre los socios:
Una es el «orgullo cooperativo», que hace que muchos prefieran seguir sin asociarse a Adecoagro y aceptar el préstamo venezolano, a pesar de que ni siquiera se acerca a cubrir el total de la deuda de la láctea, que está entre los u$s 165 y los u$s 190 millones.
La otra que sostienen los productores (muchos de los cuales son los mismos que adhieren al paro del campo contra la política oficial respecto del agro) es indignación porque un presidente extranjero les elige el socio y cómo seguir con su negocio. Sobre todo, si ese presidente asegura que favorecerá en la Argentina un esquema « socialista de producción». ¿O cabe alguna duda de que los productores lecheros de la cuenca santafesina no adhieren a los postulados de Proudhomme, y ni hablar de los de Karl Marx?
La semana que viene los técnicos que viajaron a Caracas traerán los números reales de la propuesta de Chávez, que serán estudiados por la comisión directiva de la cooperativa. Mientras tanto, Adecoagro sigue avanzando en la revisión de los libros de SanCor y gestionando el arreglo de la deuda con los acreedores. ¿Será en vano?
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