La semana arrancó sin que los inversores mostraran un interés masivo por la inversión en acciones. Al menos en parte, la explicación a esto puede estar vinculada con el recurrente tema del petróleo. El punto es que, minutos antes de la apertura de los mercados, el crudo llegó a romper todas las marcas históricas al negociarse en u$s 55,33 en el mercado informal. Si bien durante la rueda el precio del barril no hizo nada más que retroceder y retroceder, de manera que cuando llegaba el momento de abandonar el NYMEX el contrato más próximo cotizaba en u$s 53,67, pocos se atrevieron a apostar en firme a favor de la baja. Es que ni la suba ni la baja parecieron responder a ninguna otra cosa que una pura cuestión de "oferta, demanda y cobertura de posiciones". Se entiende entonces que no fue hasta pasado el mediodía que las acciones pudieron pasar al lado ganador, aunque sin demasiada convicción en el caso de las blue chips, que fueron golpeadas por los malos números de 3M y otras empresas de segundo nivel como Lexmar ( impresoras) y Mattel (juguetes). De hecho, de no ser por la recuperación que tuvieron los papeles del grupo asegurador AIG, posiblemente el saldo final hubiera sido bastante menor que 0,23% que trepaba al cierre el Promedio Industrial, cerrando en 9.956,32 puntos. Pero si bien es cierto que durante la rueda no pasó demasiado, distintas fueron las cosas luego de que sonara la última campana del día, ya que de manera mayoritaria los balances ingresados a partir de ese entonces superaron o cumplieron con las expectativas de inversores y analistas.
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