Vale todo. Esa es la sensación que quedó ayer en las mesas tras conocerse el dato de inflación de marzo. Si bien ya estaba digerido que el número iba a estar muy alejado de la realidad, había cierta esperanza en algunas entidades de que la cocina de Guillermo Moreno iba a ser más light. No lo fue. Hasta hubo quienes sospechaban de que las versiones de un Moreno más domesticado fueron lanzadas a la plaza por entidades muy cargadas de bonos indexados. Hubo hechos que ya entran en lo cómico del informe del INDEC ayer como que se tomaran precios del acta de acuerdo con los supermercados chinos para medir la inflación. O que pese al cambio de temporada, los precios de indumentaria no subieron. También, entre los manejos oficiales, se postergó algunos minutos la difusión del indicador de manera tal de que no impacten a pleno en cotizaciones. Lo harán hoy. De lo que nadie tiene duda entre operadores es ya la intencionalidad fiscal de cocinar el IPC con los pagos que deben hacerse a corto plazo por los PRE9, PRO12, BODEN 2008 y Préstamos Garantizados. «Antes recibía siempre cuatro o cinco llamados de hedge funds de EE.UU. preguntándome si convenía timbearse a un índice más alto a futuro. Ya no llama nadie», dijo un reconocido banquero. La Argentina ya está totalmente desaparecida de los mercados.
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¿Se viene el canje o no? En realidad, la pregunta debería ser cuándo ocurrirá. Pero la impresión es que más allá de la buena voluntad que tienen los asesores de Martín Lousteau al respecto, todo dependerá de Néstor Kirchner. Incluso hay quienes sostienen que, dado el revuelo que generó la última medida adoptada por el ministro de Economía con sus retenciones móviles, ahora se quedó sin credibilidad para llevar adelante otra propuesta. Otra vertiente sostiene que las necesidades los obligarán a concretarlo antes de junio, como está previsto. Un dato interesante lo aportó un economista de la plaza: dados los altos rendimientos que tienen hoy los papeles argentinos en pesos (16%), los nuevos bonos en un canje deberían tener un cupón de intereses de 11% como mínimo, muy alto. Y si se quisiera que tuvieran un cupón menor para no comprometer las finanzas a futuro, se deberían emitir más papeles, lo que elevará la relación deuda versus PBI.
Un fuerte rumor circuló en las mesas en los últimos dos días, relacionado con el mercado cambiario. Básicamente, un mail que llegó a cada uno de los operadores daba detalles de un próximo desdoblamiento del mercado cambiario. Según esta versión, habría tres cotizaciones distintas para el dólar: la actual banda de $ 3,15 a $ 3,20 pasaría a $ 3,95 a $ 4 para compensar la caída de la competitividad generada por la inflación. Se aplicaría para las exportaciones de la industria. Otro dólar comercial, para el público en general, que permanecería en $ 3,15, es decir alrededor del valor actual. Y por último, una cotización de $ 2 para el agro, pero sin retenciones. La especie fue calificada como «un verdadero disparate», tanto desde el Ministerio de Economía como desde el Banco Central. Este tipo de rumores se deben a que todo puede ser en el planeta Lousteau y también al nerviosismo que reina en la plaza donde se operan futuros de cereales. Al establecerse las retenciones móviles, prácticamente se fijaron los precios de los principales productos (como soja, girasol y trigo), con lo cual pierde sentido tomar cobertura por las variaciones que se puedan producir.
Contra muchos pronósticos, el dólar se sigue derrumbando contra las principales monedas. Y Brasil no es la excepción, ya que ayer la divisa finalizó en 1,684 real. Sin embargo, los principales bancos y operadores brasileños esperan que rebote hasta 1,85 en promedio para fin de año. Aunque se trata de un dato relevante para los inversores, también lo es para la economía argentina. Si se confirma este pronóstico de devaluación de la moneda brasileña, esto jugaría en contra de la economía doméstica, que en los dos últimos años aprovechó la debilidad del dólar para evitar que cayera tan rápido el tipo de cambio.
La licitación de deuda que efectuó el Ministerio de Economía la semana pasada no sólo reveló que la Argentina tiene grandes problemas de financiamiento. El rendimiento estipulado de 13,3% en pesos (equivalente a casi 16% a tasa fija) lo único que hizo fue aumentar las tasas de descuento que se aplican sobre el resto de los títulos. Por lo tanto, los valores actuales de los bonos y también del cupón PBI terminaron siendo más bajos que las estimaciones que se manejaban en el mercado. Por supuesto que la cocina de la inflación por parte del INDEC terminó por darle ese golpe de gracia a los títulos.
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