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El salario debe alcanzar para pagar alimentación, vestuario, salud, educación, vivienda, transporte, servicios públicos domiciliarios, esparcimiento, sostener el Estado (nacional, provincial y municipal) y hacer frente a las deudas, privadas y públicas. Además, debería sobrar para destinar una parte al ahorro para la vejez u otros fines.
Aunque la manipulación de la opinión pública pretenda desviar su atención, gran parte de esos rubros debe afrontarse en moneda dura, cuyo valor no depende del presidente ni del Congreso. Los bienes que se importan o exportan, las deudas, las inversiones necesarias para hacer posibles los consumos, o la energía, por ejemplo, valen en moneda fuerte. Se pueden deformar los precios relativos durante un tiempo, pero no indefinidamente.
En el
Además, lo que no encaja en el nuevo modelo, se patea para más adelante. Ajustes de tarifas, aumentos de salarios, fallos de inconstitucionalidad de las barrabasadas cometidas, negociación de la deuda, etc.
Pero debemos estar atentos para que toda la hojarasca no nos tape el bosque. Lo que se está decidiendo en los grandes centros financieros y en el núcleo del poder político y económico local es el nivel de salarios que tendrá el país. ¿Seremos un país de ingresos medios altos, $ 8.000 (dólares o pesos convertibles) anuales
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