Los sueldos en automotrices ya igualan a los de Francia
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Tanto Mulhouse como el complejo de Sochaux-Montbeliard «viven» de las plantas de PSA; hasta el Sochaux F.C. -campeón de la última Copa de Francia- pertenece a Peugeot. En Sochaux, además, está el museo de la marca del león, donde los argentinos nostálgicos pueden ver los modelos 403 y 404, los primeros que se fabricaron en el país en la década del sesenta. El guíacurador de la muestra no oculta su asombro cuando se le informa que varios centenares de 504 siguen circulando por Buenos Aires, muchos de ellos sirviendo como taxis.
La conexión con Mulhouse, en cambio, es más actual y concreta: de allí salen unas 100.000 autopartes anuales que se destinan a la fábrica de El Palomar, que las usa en sus C4, 206 y 307. Mulhouse produce 1.300 autos por día, la mitad de los cuales son del modelo Citroën C4; el resto: 308 y 206.
El estacionamiento muestra desde autos de la marca hasta «enemigos» de otras terminales, de vehículos compactos a monovolúmenes de tres filas. Nadie parece ofenderse, y hasta un casi flamante C4 Picasso exhibe un cartel: «Vendo; poco uso». Pronto hallará comprador. «Los autos comprados a la fábrica deben ser conservados seis meses por los empleados», informa hierática la guía. Una política similar a la que aplican las automotrices argentinas con sus empleados. De todos modos, la gran diferencia está en que los puestos que requieren mayor calidad profesional permanecen en el país de origen de la compañía. Por caso, a pocos kilómetros de allí -también en la región de Alsaciaque franceses y alemanes se disputaron en guerras durante centurias- está el centro experimental de Belchamp. Rodeada de bosques idílicos, esta instalación sirve para -por caso- llevar a cabo «crash tests». «Acá se testean autos producidos en todo el mundo, incluida la Argentina», informa uno de los ingenieros.
Con ser impresionante, la estructura de Belchamp empalidece frente a la de Velizy, en las afueras de París: allí, en el ADN (Auto Design Network) nacen todos los modelos del grupo. La confidencialidad es total, y las maquetas en madera de los prototipos en estudio son apresuradamente cubiertas con lonas al paso de los visitantes.
Se trata de un verdadero parque temático para los «tuercas»: un simulador hace las veces de máquina de soldar, y traslada a la mano del «operario» la tensión de la máquina y la oposición de la chapa del auto virtual; otro aparato permite « sentarse» en el interior de un Citroën C5 estacionado en la plaza central de Hamburgo y cambiar hasta el color del vehículo.




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