Martín Lousteau explicó ayer el nuevo paquete de medidas para los pequeños productores. El gobierno lo rodeó ante las cámaras de todo el gabinete nacional. El mensaje político vino después con Cristina de Kirchner.
«No es lo mismo producir soja que leche. Sin retenciones, el precio interno de la soja subiría 70%.» Con este tipo de explicaciones antisojeras, Martín Lousteau tuvo ayer que abrir el fuego en el acto en Casa de Gobierno, con la responsabilidad de explicar las cuestiones técnicas del paquete de ayuda al agro.
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Mezclando los anuncios con las explicaciones sobre las necesidades económicas y políticas que impulsaron a Cristina de Kirchner al nuevo esquema de retenciones móviles, un tenso Lousteau señaló lo siguiente:
Nadie dice que la soja es mala. Obviamente, algo que nos demanda el mundo y que podemos producir a muy buenos precios no tiene nada de malo «per se».
Pero la soja tiene profundos efectos: desplaza y encarece otras actividades porque aumenta el costo de la tierra, tiene efectos sobre el propio suelo como monocultivo y tiene un impacto laboral muy bajo.
A pesar del boom agropecuario, el empleo en el sector creció sólo 1,5% frente a 17% en el resto de la economía.
Tan sólo por comparar, 100 hectáreas de soja generan un puesto de trabajo, 15 el algodón y 50 los cítricos.
Lo que estamos diciendo es que no es lo mismo producir soja que leche. Si no cambiamos el rumbo, a la larga, lo que vamos a tener es menos leche, menos carne, menos trigo, menos maíz y mucho más caro para todos.
Sin retenciones, el precio doméstico de la soja sería 70% superior y de ese modo el alquiler de los campos para otras actividades sería mucho más caro.
Cuando se decidió la siembra de soja, el precio esperado por los productores era de u$s 237 la tonelada. Hoy este precio neto de las retenciones es de u$s 279 la tonelada, 18% más.
Si tuviéramos que enfrentar los valores internacionales, los precios domésticos serían muchísimo más caros.
Las retenciones, junto con las compensaciones -en las cuales el Estado lleva gastados 1.500 millones de pesos para contener la evolución que tiene afuera el precio de los alimentos- implican que un vasto porcentaje de la población puede acceder a los alimentos a los precios que le corresponde.
La retención móvil no es otra cosa que una retención que sube cuando el precio internacional sube y, por ende, genera mayor estabilidad y baja cuando el precio internacional baja, generando mayor seguridad al productor.
Para que vean cómo funciona: cuando se implementaron el 11 de marzo las retenciones móviles implicaban para la soja una retención de 44%; hoy está en 41,5% y seguimos discutiendo mediáticamente como si fuera 44%. Lo que digo es que cuando sube o baja el precio internacional, las retenciones móviles acompañan esto.
Si uno observa cómo es la estructura de la producción sojera, hay 4.000 productores que tienen más de la mitad de la producción. Esos productores esperaban llevarse 5.800 millones de dólares de facturación. Hoy se están llevando 1.000 millones de dólares más, inclusive, a precio neto con las retenciones.
La suba de precios internacionales es propender cada vez más a una concentración de la tierra.
El 20% de los productores tiene 80% de la producción y el restante 80% se queda con el 20%. Dentro de ese 20% que tiene la mayor producción de la Argentina, 2,2% se queda con la mitad de la producción de soja de la Argentina. El 80% de esos productores que sólo tienen 20% de la producción son alrededor de 62.500 productores.
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