18 de diciembre 2000 - 00:00

Machinea: "El salvataje no aumentará la deuda"

Fernando de la Rúa tentó ayer acariciar el cielo con las manos luego de que el domingo por la noche José Luis Machinea le comunicara que el monto del blindaje se acercaba a 40.000 millones de dólares (es decir, 66 por ciento más que las reservas internacionales del Banco Central). Iba a anunciar nada menos que el mayor salvataje financiero de la historia económica argentina. Quizá su minuto de gloria en un álgido primer año de mandato.

«Este conjunto de garantías internacionales es una señal de confianza en la economía argentina y refleja el apoyo al esfuerzo que realiza el país en términos de rebaja del gasto, en reformas estructurales»,
dijo el Presidente ayer al mediodía en la quinta de Olivos frente a un grupo de periodistas.

Acompañado por los ministros
Patricia Bullrich, Chrystian Colombo, Héctor Lombardo, Adalberto Rodríguez Giavarini, Hugo Juri, Federico Storani, Jorge de la Rúa, José Luis Machinea, el secretario de la Presidencia, Horacio Jaunarena, y el secretario de Finanzas, Daniel Marx, luego de una reunión de gabinete (ver nota en Contratapa) explicó el blindaje. Lo acompañó un grupo de legisladores: Jorge Agúndez, José María García Arecha, Horacio Pernasetti, Darío Alessandro y Marcelo Stubrin.

Mientras el Presidente se explayaba sobre las bondades del
«programa de garantías internacionales», como él gusta llamar al blindaje, y destacaba que «a diferencia de otras crisis la reacción del ministro (Machinea) en anticiparse y prevenir la crisis» el canciller, sorprendido al ver la llegada del lunch compuesto por austeros sandwiches de miga mixtos y café, interrogaba a su colega Colombo: «¿Este es el almuerzo? Sólo desayuné un yogurt», se lamentaba Giavarini mientras pedía una copa de helado de crema a los mozos de la residencia presidencial.

Anotaciones

Había transcurrido casi media hora del encuentro y todavía no se anunciaba el monto total del blindaje cuando ingresó raudamente el edecán naval Raúl Castro Madero con el «celular rojo» y un papelito. Rápidamente De la Rúa le pasó el celular a Machinea. Del otro lado estaba nada menos que el vicepresidente del FMI, Stanley Fischer, quien le comunicaba al ministro de Economía el OK del organismo en las proporciones de utilización de las cuotas argentinas (ver nota aparte).

Justo cuando
De la Rúa comenzaba a esbozar que el monto del blindaje era de 40.000 millones de dólares reingresa Machinea a la reunión y muy sonriente contó el llamado de Fischer e informó que el blindaje asciende a 39.700 millones de dólares, a lo que el Presidente ofuscado retruca que «más o menos eran 40.000 millones». Giavarini, atento a todo el desarrollo de la reunión, no dejó escapar ningún detalle ni comentario. Frente a cada frase del Presidente y el ministro de Economía, el canciller les acercaba papelitos con anotaciones, aportaba algún ingrediente o directamente aclaraba cualquier afirmación vertida.

Allí aprovecharon tanto
De la Rúa como Machinea para copiar el menú del canciller y se hicieron de sendos helados ante la atónita mirada de sus colegas que degustaban los sandwiches.

«El programa de garantías (blindaje) demuestra que el país es viable y ahora con este resguardo la tasa de interés debería comenzar a bajar y con ella el riesgo-país. Todo ello tendría que impulsar un aumento de la inversión»
, señaló el Presidente.

«Quiero dejar bien en claro que el blindaje no implica aumento de la deuda»,
acotó el titular de Hacienda quien confía en que el mejor contexto internacional (suba de los precios de commodities y revaluación del euro) junto con las medidas lanzadas por el gobierno vinculadas a las reformas estructurales y los planes de infraestructura tendrían que llevar a la economía a crecer nuevamente a 4 o 5 por ciento anual.

Relevo

Machinea no pudo dejar de traslucir su incomodidad cuando se interrogó al Presidente sobre su posible relevo del Palacio de Hacienda (ver aparte).

Luego hubo un sinnúmero de preguntas vinculadas a posibles inversiones para 2001, el impacto en el empleo y otras cuestiones fiscales y de gobernabilidad de la Alianza.


Entonces Giavarini
(como haría también horas más tarde con otros periodistas) tomó la lanza y cortó por lo sano. Se acercó al Presidente y al oído le susurró que «ya era hora de terminar». De la Rúa, obediente, agradeció y dio por finalizada la reunión sin antes cuestionar a los «agoreros de siempre que dicen que el país está parado y que todo está mal». «En el exterior los inversores me preguntan por qué los argentinos son auto-destructivos, cuando ellos son optimistas con la Argentina.»

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