No fue justamente propicio a los mercados bursátiles el inicio de 2005. Las presunciones de aumentos de tasas de la Fed obraron como un ácido sobre la tónica de casi todas las plazas; la nuestra incorporó, además, sus propias cargas, así que se formalizó un primer paso de enero donde el Bovespa decayó 5,5%; el Dow Jones, 1,5%, y el Merval porteño derrapó 4,8%. Por ahora, le cabe el paliativo de haber sido partícipe del mal común, que destruyó todo intento de repunte y lo hizo llegar al viernes con otra merma -de 0,54%- y una marca Merval de 1.309 puntos, orillando nuevamente el riesgo de perforar esos pisos de centena. Sin embargo, se supo estar con avance de hasta un máximo de 1.333 puntos, que se borró ante la carencia de sostenes y para tocar mínimos en 1.304: de última, algo mejorados.
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El mercado se evidenció en franca contracción de órdenes, ahora respondiendo mejor a esas leyes casi inmutables de volumen y precios en la misma dirección. Peor en la semana fue ver bajas con aumento de órdenes, caso no repetido el viernes y donde se trabajó apenas con unos $ 35 millones de efectivo en acciones.
La chatura se adueñó de las diferencias en el panel mayor, donde la mayoría no marcó ni con 1%, con dos papeles menores del índice -Alpargatas y Rigolleau- mostrando aumentos de 2%: como en una isla.
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