El ministro de Industria y Comercio Exterior de Brasil, Luiz Fernando Furlan, reveló ayer que esta semana habló por teléfono con el ministro de Economía Roberto Lavagna, para advertirle que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, no puede «seguir tolerando» las restricciones impuestas por la Argentina a productos brasileños.
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En una entrevista televisiva, Furlan dijo que había llamado al ministro argentino de Economía, Roberto Lavagna, para reclamar contra esas barreras que afectan a los productores locales y contradicen «el espíritu del Mercosur», en una comunicación que hasta ahora no se había hecho pública. «El ministro de Economía, Antonio Palocci, y yo tuvimos esta semana una conversación telefónica con Lavagna, para recalcar que una vez pasados 60 a 90 días desde las actitudes adoptadas por el gobierno argentino no podremos seguir tolerando barreras que perjudiquen a Brasil en beneficio de otros países», dijo Furlan, en relación con las heladeras que estarían siendo importadas por la Argentina desde Chile y México. «No es ése el espíritu del Mercosur», subrayó el ministro brasileño, que recordó que las restricciones a la importación de electrodomésticosdesde Brasil se debieron a la intenciónde potenciar la producción local y no para «importar productos de otros países».
Añadió que Lavagna los invitó a ir a Buenos Aires, y que a «inicios de noviembre un equipo técnico se reunirá con los argentinos para buscar una solución que ofrezca mejores condiciones a las empresas brasileñas, algunas de las cuales ya están reduciendo su producción y despidiendo a operarios».
«El caso más grave se da con lavarropas», que el mes pasado no exportaron «casi nada desde Brasil hacia la Argentina, y con los televisores producidos en la Zona Franca de Manaos, «penalizados con una tasa de 20%» para ingresar en la Argentina.
«En el fondo hemos sido tolerantes con nuestros vecinos, por entender que la Argentina pasó por una situación difícil», pero que ahora «tiene un crecimiento económico similar al de Brasil», dijo el ministro brasileño. Añadió que las medidas argentinas involucran apenas «1% del comercio bilateral», pero «perjudican las relaciones bilaterales» y «por su repercusión llegan hasta la mesa de los presidentes».
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