Abu Dhabi (Bloomberg) -Durante los últimos 25 años, las acciones del sudeste asiático fueron el elemento predominante en los sueños -y las ganancias-de los que invierten en los mercados emergentes. Hoy esas economías se van pareciendo cada vez más a las del mundo desarrollado.
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Entonces, surge una interrogación: ¿dónde buscar las próximas oportunidades de inversión? La respuesta: hay que seguir el rastro del dinero y todo indica que el próximo cuarto de siglo pertenece a Medio Oriente.
Los Estados del golfo Pérsico restringen actualmente la tenencia extranjera de acciones.
Hasta la fecha, las inversiones en esa región fueron en su mayoría fondos de cobertura y de capital de riesgo. Pero el Medio Oriente se está abriendo a los inversionistas locales y al capital internacional. En setiembre pasado, T. Rowe Price lanzó el fondo de inversión Africa & Middle East Fund, que representó la primera oportunidad para que el inversionista estadounidense pruebe suerte en mercados hasta ahora desconocidos, pero que a la larga cobrarán importancia.
Los blancos son las economías de Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos (EAU). Forman una confederación conocida como Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que acaba de negociar un tratado de libre comercio con Singapur, el primero que acuerda con un país fuera de Medio Oriente. Además, en diciembre pasado anunciaron que planeaban formar un mercado común.
Lo que más importa en esta región es el petróleo y el gas natural, materias primas que escasean en el mercado mundial y en cuyos precios puede influir el CCG. Los países desarrollados tendrán que importar aún más estos recursos de Medio Oriente porque su propia producción de hidrocarburos está disminuyendo, y aquellas naciones en vías de desarrollo necesitan más porque sus niveles de vida están subiendo.
Sin embargo, el petróleo dista de ser el único atractivo. El CCG está invirtiendo cientos de miles de millones de dólares para diversificar sus economías, crear empleos para sus jóvenes y prepararse para el día en que le escasee el petróleo y sus clientes creen fuentes alternativas de combustible. Están erigiendo hoteles de categoría mundial, fomentando el turismo, creando centros de negociación financiera, aflojando las restricciones en materia de empresas y titularidad extranjera, desarrollando industrias tales como la petroquímica, que requiere combustibles baratos, y apoyando la formación de centros de tecnología avanzada.
Tal es el caso de Abu Dhabi, el Estado más rico de los EAU, que se está convirtiendo en un destino cultural, que tendrá sucursales de los museos Guggenheim y del Louvre, y está construyendo un centro para las artes teatrales.
Hasta el momento, los países del CCG no son incluidos en los índices de acciones de los mercados emergentes que los gestores usan internacionalmente para asignar activos, aunque esta situación se revertirá próximamente. «El dinero fluye hacia el CCG. Son las economías estables y el refugio en la región», asegura Joseph Rohm, subdirector general de T. Rowe Price International.
Claro está, este tipo de mercado no es para cualquiera. Las acciones del CCG burbujearon en 2005, se estrellaron en 2006 y aún no regresaron a sus picos anteriores. Les entró mucho dinero a finales de 2007 y en lo que va de este año subieron un 2%. Habrá altibajos, por supuesto. Pero a la larga es aconsejable seguir el rastro del dinero.
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