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La medida fue reclamada por la ministra de Economía Felisa Miceli, que la consideraba fundamental-para poder garantizar un nivel de inversión privada importante para el próximo año. Si, por el contrario, Brasil obligara a la Argentina a aplicar aranceles externos a la importación de estos bienes (los que deberían llegar a 35%), el problema se agravaría aun más.
Se suponía, al menos esto pensaban los industriales brasileños de San Pablo, que luego de tres años de alza del PBI en la Argentina el beneficio ya no tendría sentido. Sin embargo, un nuevo problema justifica a los ojos del gobierno de Kirchner la continuidad: la creciente inflación, producto, en parte, de la imposibilidad de satisfacer la demanda interna con la actual capacidad productiva en varios sectores.
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