Lo que ayer pasó a ser comentario casi exclusivo, en un recinto que veía azorado de qué modo se deslizaba el índice accionario, fue la puesta en la realidad de un peligro potencial que nos encargamos de remarcar, de modo reiterado que no se suele tener en cuenta en las evaluaciones sobre nuestra plaza.
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Y esto es, la alta exposición al riesgo que conlleva una escasa dispersión de los títulos emitidos y por ende una altísima concentración en pocos segmentos. Tras las ganancias de enero, el riesgo a que alguna cartera institucional decidiera liquidar posiciones fuertes, se acrecentaba.
Fue el nombre encargado de arrasar con el Merval, por más que la baja estaba igual cantada, de acuerdo a cómo le estaba yendo al resto de los mercados.
Pero, este papel que recibió fuertes presiones vendedoras desde Nueva York y replicando en nuestro recinto, con más de 5 millones de papeles, con alto peso específico en la cartera ponderada: hizo de levadura negativa y con una baja del Merval de más de 3%, lo más parecido al NASDAQ.
Esto termina por desarmar la prolijidad de enero, flota ya en el ambiente la leyenda de un «sálvese quien pueda» y la búsqueda de retener algo, de la utilidad de enero, puede generar un efecto retroalimentado. Se partió en el año de «416», se rozó los «550»: hay un viaje de vuelta.