Pasó la Nochebuena, pasó la Navidad, y al menos desde lo bursátil no hubo nada para festejar. Por el contrario, lo que venía mal sólo pareció empeorar durante la corta rueda del 24. De acuerdo a lo que se esperaba, el volumen negociado fue ínfimo, menos de 500 millones de acciones en promedio para el mercado electrónico y el tradicional. El problema no estuvo entonces por este lado. Por el lado de los precios casi podríamos decir lo mismo, ya que 0,53% que perdió el Promedio Industrial al cerrar en 8.448,11 puntos, o 0,67% del NASDAQ, hablan de una merma que en el peor de los casos se puede llamar "acotada". Las complicaciones surgen entonces por otro lado. En primer lugar tenemos la suba del oro, que cerró en u$s 347,3 la onza. Es cierto que estamos debajo de los u$s 349 del jueves pasado que fue el valor más alto en cinco años y medio, pero de todas formas es una suba de casi 2 dólares en sólo 24 horas. A esto se suma el precio del crudo que cerrando en u$s 32 por barril marcó un máximo desde enero de 2001, es decir en prácticamente dos años. El dólar, por su parte, retrocedió a 1,0298 por euro registrando el mínimo frente a la moneda europea y el franco suizo en cuatro años. Sean apenas un termómetro o la causa de la fiebre, que estos datos están preocupando a los inversores norteamericanos lo evidencia la caída en la tasa de los bonos del Tesoro, donde la correspondiente a los títulos de 10 años quedó en 3,93% el mínimo del último mes y medio. Es posible que la tensión con Irak o Corea, la crisis en Israel, la huelga en Venezuela, la falta de una clara recuperación de la economía o cualquier otro elemento sea culpable de lo que pasa, pero poco importa: Santa Claus no pasó por Nueva York.
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