Al menos por ahora, del rally de fin de año debemos olvidarnos. Del Bull market que parecía haber disparado la seguidilla de ocho semanas consecutivas para el Dow, también. De la temporada de «window dressing» (vestir ventanas), cuando los administradores de fondos compran y venden papeles intentando sacarse de encima los perdedores reemplazándolos por los ganadores, con la intención de convencer a sus clientes que si bien las cosas no fueron buenas, al menos están en el buen camino, también debemos olvidarnos.
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No por nada el cierre del viernes marca el punto más bajo para el mercado bursátil en 30 días, y no por nada el interés de los inversores siguió siendo notable por su ausencia hasta la última rueda, cuando apenas se lograron negociar 1.250 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.400 en el electrónico. El problema es que esto no es todo. Es cierto que la última sesión cayó en un «viernes 13», una fecha fatídica para la superstición sajona, pero esto seguramente no explica porqué el precio del petróleo cerró en el máximo de las últimas ocho semanas, porque el dólar cayó al mínimo de los últimos tres años ni porqué el oro marcó el jueves el máximo para ese mismo período. Es posible que los datos de la macroeconomía que se difunden esta semana puedan entonar algo las cosas. También es posible que ocurra lo mismo con la «temporada de confesiones» (o preadelanto de balances). Pero lo cierto que la merma que tuvo el Dow este viernes, cuando cayó 1,23% para cerrar en 8.433,71 puntos, parece demostrar que lo que más quieren los inversores es que este año termine lo más rápido posible, aun a costa de perder un par de puntos más. Informate más
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