No gritar en empresas ¿en la Casa Rosada si?
El Congreso avanzó ayer en otro argentinismo. Un proyecto de ley castigará a quien difunda rumores en empresas, a quien le grite a su empleado, a quien «prive de responsabilidades a personas con aptitudes», a quien «asigne misiones sin sentido». ¿Qué jerárquico podría cumplir sus funciones y producir negocios rentables no hablándoles a sus empleados? El proyecto describe una irrealidad en empresas que quizá, como cuenta la leyenda, pueda sí aplicárseles a altos funcionarios presidenciales que encuentran solaz en el «acoso moral» a sus ministros. Con esto basta para que este proyecto fracase.
-
El BCRA eliminó una nueva restricción al agro: cuál es y cómo impacta en los créditos
-
Cómo ahorrar hasta un 30% en compras con código QR con esta aplicación
Daniel Scioli, el senador Miguel Pichetto, y los gremialistas Susana Rueda, Andrés Rodríguez y Julio Piumato, en la presentación del proyecto de ley contra violencia laboral.
• Obligaciones
Sobre el empleador recae la obligación de mantener un ambiente de trabajo que respete y controle la problemática de la violencia laboral y será solidariamente responsable por las acciones que se inicien contra ejecutivos o funcionarios cuando no haya solucionado a tiempo problemas de relación laboral.
Si el conflicto no se aclara, se le da derecho al trabajador a considerarse despedido y, en ese caso, la indemnización se duplica. A eso se suma que en caso de incumplimiento de la ley se aplicarán multas de entre 5 y 20 salarios mínimos, cuyo producido se aplicará a tareas de promoción de la ley contra la violencia laboral.
Igualmente complicado es el procedimiento de «tutela judicial» de los derechos de los empleados. Cuando alguno de ellos se considere violentado en su ámbito laboral podrá iniciar una demanda de tutela contra el acto de violencia y el juez deberá intervenir para restablecer el derecho del empleado. Es decir, que prácticamente se habla de una intervención a la empresa y una multiplicación directa de la industria del juicio laboral.
El proyecto alcanza de lleno a la Nación, las provincias y los municipios, al punto que el artículo 15 establece que la situación de violencia laboral será considerada «inconducta grave en el ejercicio de las funciones y causal de mal desempeño a los fines de la suspensión, del juicio político y/o del jury de enjuiciamiento o remoción de los funcionarios».
• Problema común
Por eso no llamó la atención que el propio Pichetto declarara que «la mayoría de los casos se da en el sector público», hecho ratificado por la presencia masiva de empleados de la Unión del Personal Civil de la Nación. También se comentaba en el Salón que el problema debe ser común en el ámbito de jueces, ya que los máximos delegados del gremio judicial patrocinaron la presentación del proyecto: « La violencia laboral aumentó por la precarización del empleo, que generó, entre otras cosas, que miles de compatriotas perdieran sus fuentes de trabajo y que otros continúen en sus puestos con temor a perderlas», dijo Piumato.
Rueda juntó agua para su molino y denunció que, en realidad, «las situaciones de violencia laboral son aplicadas, por lo general, contra las mujeres; es una práctica muy habitual entre los empresarios que se realiza a través de empleados de niveles intermedios».




Dejá tu comentario