No hay más carne

Economía

Aun si hoy mismo se corrigiera abruptamente la negativa política oficial para con el sector ganadero, habría que esperar por lo menos hasta 2010 para tener alguna distensión en el mercado. Es que por el lado internacional no se espera ningún aflojamiento; más vale, la tendencia seguiría siendo firme con precios muy sostenidos, ya que la suba de los granos, que algunos ya prevén estructural, estaría determinando que, si bien la carne vacuna (o «roja») es la tercera en demanda a nivel mundial detrás de la de pollo y la de cerdo, la suba en los precios agrícolas encarecería la producción de todas ellas y, adicionalmente,a la vacuna que, en general, en los principales países, se produce en forma intensiva, en feed lots. Si además se considera que, por ejemplo, en los Estados Unidos, el kilo vivo vacuno ya ronda los u$s 2/u$s 2,5, es fácil sacar la cuenta del nivel de firmeza mundial que se puede alcanzar. El frente local puede resultar un poco más irregular. Sin embargo, si se mantiene el ritmo de crecimiento económico de los últimos años, y continúa la recomposición salarial, el nivel de demanda interna va a seguir traccionando fuertemente sobre la comparativa escasa oferta que hay para este nivel de demanda.

Sólo alguna convulsión de la economía local, un retroceso en términos de salarios o un cambio brutal en los hábitos de consumo podrían modificar esta tendencia, y ninguna de esas posibilidades se vislumbra como demasiado factible. De ahí que el único elemento real que podría desbalancear la ecuación prácticamente se ubica por el lado de la oferta y, en este sentido, las noticias no son demasiado buenas. Es que, tal como están las cosas, si bien la cantidad anual de carne que el sistema ganadero puede arrojar al mercado puede registrar más caídas, casi no hay posibilidades de que ocurra lo contrario. O sea, puede caer más, pero no puede aumentar.

  • Liquidaciones

    Es que después del daño causado y de sucesivas liquidaciones, algunas por mandato climático (seca, inundaciones, crecida del Paraná, etc.), y otras por decisión empresarial ante la imposibilidad de la ganadería de competir con la agricultura, especialmente en la zona central del país, la posibilidad de que crezca la oferta de carne es casi nula.

    Y esto es así básicamente por dos causas: por las malas pariciones que provocaron los tres años de sequía desde fines de 2003 y por la caída en las inversiones de los últimos 18 meses, motivadas en el desaliento tras la sucesión de errores y horrores de la política oficial, aunque el golpe demoledor fue el cierre de las exportaciones en marzo del año pasado. Si a esto le sumamos las malas condiciones que tienen hoy las pasturas y los campos naturales, el poco aliento para invertir en mejoras y, como ya se mencionó, las malas preñeces producto de las peores alimentaciones, entonces, habrá que asumir un esquema de escasez provocado, pero que difícilmente el gobierno reconocerá como causado por él mismo.

  • Inercia

    La demostración, sin embargo, sería relativamente fácil. Bastaría señalar que a pesar de la agricultura y de las peores zonas que se dejaron para la ganadería, y hasta el mal clima, ésta logró crecer a tasas más que interesantes hasta casi fines de 2005, sólo con el aliciente de las muy buenas perspectivas mundiales. Lejos parecen ahora aquellos 3,3 millones de toneladas de producción de aquel año, cuando la exportación se ubicó, además, bien por encima de las 700.000 toneladas.

    El año pasado, shokeante, logró mantener alguna inercia, y la producción «sólo» cayó unas 200 mil toneladas, volumen que, a pesar de las liquidaciones de los últimos meses, volvería a retroceder este año.

    De tal forma, con una exportación permitida, hasta ahora, de 500.000 toneladas, una producción total que se ubicaría en los niveles de 2003/04 y un crecimiento de la economía de más de 20 puntos en ese lapso, respaldando los incrementos de la demanda interna, no es difícil suponer que la situación de extrema tensión deberá encontrar otra vez un nuevo punto de descompresión a corto plazo.
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