Ayer se confirmó que el gobierno negociará un acuerdo hasta 2008 con el Fondo Monetario. Lo dijo Héctor Torres, el representante argentino ante ese organismo. Trascendió incluso que podría lograrse antes de las elecciones, en los próximos 45 o 60 días. La estrategia oficial es la siguiente: no mostrarse apurados por cerrar la negociación porque -sostienen en el equipo económico- ello haría que el staff del Fondo no ceda y mantenga las exigencias de un mayor superávit primario, acuerdos con privatizadas y solución para todos los bonistas. «Mientras menos apurados nos mostremos, más margen para negociar se tendrá», aseveró anoche a este diario un colaborador de Roberto Lavagna. Igualmente hoy la posición del Fondo es la más cómoda. Primero, porque todos los países de la región están creciendo y no hay riesgo de contagio. Pero más importante aún es el hecho de que el gobierno sigue pagándole mes a mes todos los vencimientos y el FMI ve con gran alivio la reducción de su exposición con la Argentina. Mientras más tiempo se mantenga el actual estado de las cosas, mejor para Rodrigo de Rato. Un dato adicional: con las elecciones de octubre a la vista, desde el gobierno no ven un impacto negativo en ese sentido si se acuerda antes con el Fondo. Se descuenta que las negociaciones comenzarán en forma inmediata y que, nuevamente, serán funcionarios argentinos los que viajarán a Washington en lugar de permitir que una misión técnica del organismo se instale en Buenos Aires.
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Según el funcionario, negociar un compromiso de largo plazo «es lo más conveniente» para el país. Esto significa que se encararía un acuerdo de facilidades extendidas y no uno del estilo stand-by, que es a sólo un año.
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