20 de mayo 2008 - 00:00

Nuevo acuerdo revisará las retenciones móviles

Ambito Financiero adelantó en las ediciones del 28 de abril y del 8 de mayo que el gobierno había aceptado discutir las retenciones móviles cuando incluyó en la agenda del campo el tema de los «mercados a término».

Nuevo acuerdo revisará las retenciones móviles
«Nosotros seguimos con nuestra agenda, que por supuesto incluye los mercados a futuro, pero mientras siga el paro, no vamos a recibir a nadie.» Esta fue la respuesta anoche de Alberto Fernández a este diario, que contiene una invitación a sentarse desde mañana con las entidades del campo a resolver el punto central de los reclamos: que se modifique el sistema de retenciones móviles que según las dos partes implica reconstituir la posibilidad del negocio de granos a término.

Es el plan más viejo del gobierno y que no haya avanzado en casi un mes es una radiografía del fracaso de la administración y sus adversarios en alcanzar un acuerdo; un testimonio de la debilidad del sistema político y todos sus protagonistas que prefieren valorar su situación de poder antes que el beneficio del conjunto. Va en su disculpa que ellos no han generado esa debilidad; aunque tampoco han hecho mucho para superarla.

El jefe de Gabinete negó también en el diálogo con este diario que en los últimos días funcionarios del gobierno hubieran mantenido conversaciones informales con esos dirigentes en huelga. «Tampoco es cierto lo que dice la TV de que los voy a recibir mañana (por hoy)», dijo con la paciencia zen, que ha desarrollado en este conflicto. Si hubieran existido esos contactos, el clima de la jornada de ayer hubiera tenido otro resultado: los ruralistas se dan por enterados de una intención dialoguista del gobierno, pero lo lastiman en lo que éste más valora, la estética del anuncio. Para el gobierno, lo más grave de esta crisis no ha sido el marasmo de los mercados -minuta que termina pagando el conjunto de la sociedad-, sino el asalto al poder presidencial. Eso lo han explicado hasta el hartazgo los voceros oficiales que identificaron a los dirigentes del campo con los torturadores o con golpistas a las órdenes de Washington.

Como si conocieran cada repliegue de las preocupaciones del gobierno, los cuatro dirigentes redoblaron los agravios al gobierno al negarse a interrumpir el paro y mantener la protesta hasta mañana, que es cuando estaba previsto levantarla para permitir otro round de negociación. Por donde se lo mire, las entidades se mantuvieron en su posición seguras de que la posición del gobierno es débil en la pulseada y que no mereció ni el gesto de adelantar el levantamiento de la medida, un signo también de estética política que los muestra como los ganadores de la jornada.

La mortificación para la Casa Rosada fue exasperante ayer porque la exhibió a la retaguardia de los hechos, algo que nunca le conviene a un gobierno en aprietos. Mientras los dirigentes del campo se encerraban en un salón del hotel Las Américas -ocultaron la sede de deliberaciones para disipar movileros-, los funcionarios del gobierno se agolparon frente a las pantallas de los televisores a la espera de un resultado.

Cristina de Kirchner mantuvo larguísimas charlas con el jefe de Gabinete y Julio De Vido mientras recibía a gobernadores (José Luis Gioja) y a empresarios (la Cámara de Comercio, el mexicano Carlos Slim). Mantenían sin embargo un ojo alerta en la confianza -al final defraudada- de que habría levantamiento por adelantado del paro. Se lo confesó por la mañana Oscar Parrilli a varios intendentes con quienes habló por teléfono: «Estamos contentos, ahora va a haber diálogo». Esa noticia permeó hacia algunos medios que arriesgaron ese resultado por anticipado.

Esa confianza se alimentó por datos que llegaban a los despachos oficiales -pese a que negaron todos haber cruzado comunicaciones informalessobre divisiones en el frente del campo.

CARBAP y la Sociedad Rural serían en ese cónclave las más dispuestas a sentarse ayer mismo con Alberto Fernández a negociar un acuerdo. Los más duros serían los dirigentes de la Federación Agraria, apurado Eduardo Buzzi por los levantiscos piquetes de Entre Ríos. CRA, por su lado, aparecería dividida en esa mesa. ¿Cómo no celebrar por adelantado la fumata?

Pasaron las horas y al llegar la noche, Cristina de Kirchner mandó a levantar el puesto, casi a la misma hora cuando las entidades lanzaban el comunicado anunciando que el paro termina esta noche a las 24 y que no cedían ni un centímetro en lo que más valora el gobierno, que son las precedencias simbólicas, el tablero de quiénes ganan y quiénes pierden en cada tapa de diario.

Los ruralistas en todos los mensajes que enviaron al gobierno le reclamaron una prueba de vida, un testimonio de que si cedían iban a obtener algo a cambio. Lo que Alberto Fernández y el resto del gobierno tenían cedido por lo menos desde que lo contó este diario (edición del 28 de abril), revisar las retenciones móviles debía tener un sello de más arriba. Lo negó Néstor Kirchner, ¿no se animó su esposa a avalarlo sin la aprobación del ex presidente? ¿Tampoco quiso arriesgar autonomía otra vez el jefe de Gabinete? Si es así replica un drama del gobierno que se repite cada vez que tiene un problema: el lean mis labios de Néstor Kirchner, tan equívoco como cuando dice «Miren hacia donde miro yo». Exige que sus funcionarios le traigan soluciones, pero nunca lo satisface ninguna. Siempre hay un reproche a que ese funcionario cedió en un punto cuando podía obtener más. Para Kirchner, todos sus delegados son blandos, entregan consignas que no debían, nunca transmiten la voluntad del santacruceño, que exige siempre más. Eso ha dejado al gobierno sin negociadores en muchos terrenos -política internacional, partido, relaciones con las provincias, promoción de inversiones- y ha hecho prosperar esa raza de audaces que integran los Guillermo Moreno y los Luis D'Elía, que con su estilo rompedor sacian por lo menos en las formas las demandas del cónyuge de Olivos.

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