Aunque la insistencia de los vendedores de Garbarino, Frávega, Megatone o Híper-Rodó advierten de la necesidad imperiosa de contratarlas, las asociaciones de consumidores aseguran que en la mayoría de los casos extender las garantías de los productos que se compran es un mal negocio. El argumento para negarse a pagar por tener más años de garantía es que generalmente no es claro lo que cubren, el eventual arreglo suele costar menos que lo que se paga por la extensión y los daños de los artículos suelen encontrarse en los primeros meses de uso, cuando todavía corre la garantía estándar, o después de los 5 años.
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El problema es que estos datos no son conocidos por los consumidores. De hecho, en economía esta situación se conoce como una falla en el mercado llamada «información asimétrica». En este caso consiste en que el vendedor sabe que hay altas probabilidades de que la garantía no sea utilizada y, por lo tanto, gana siempre ese más de 30% que se cobra sobre el valor de un artículo por extender la cobertura por daños. La contracara es que en algunos productos podría ser beneficioso tener una garantía extendida pero la desconfianza del usuario hace que la rechace. En general, es un negocio oculto de las cadenas arriba mencionadas.
La entidad internacional de defensa de usuarios Consumer Union realizó un estudio en el que concluyó que pagar por extender una garantía es un mal negocio. La insistencia de las grandes casas de venta por entregar garantías extendidas se da por su alto costo. «Es mucho más lo que ganan con esta herramienta que vendiendo nuevos productos», explica la organización.
En la Argentina esto se evidencia sobre todo para las grandes compras. Por ejemplo, un aire acondicionado de 3.000 frigorías se paga $ 1.400. La garantía que viene sin costo con el producto es de un año, y si se desea extenderla por 4 años más, debe pagarse $ 460. Es decir, que la extensióncuesta más de 30% del valor del aire acondicionado. Según un service especializado en este tipo de artefactos, los arreglos más comunes no pasan los $ 300. Y además, en la mayoría de los grandes electrodomésticos, las fallas más comunes se dan en los primeros meses de uso o después de los 4 o 5 años.
Según la Ley de Defensa del Consumidor 24.240, la garantía legal de todos los artículos (menos los comestibles) tiene un plazo de 3 meses de duración. La garantía existe aunque no se tenga ningún comprobante de ésta. Los locales pueden dar además una garantía comercial más larga. El responsable por posibles daños es en primer lugar el vendedor que tuvo contacto con el consumidor. Pero si éste no pudiera responder, la figura de responsable solidario se extiende a toda la cadena comercial.
«Nosotros solemos no recomendar el contrato de garantías extendidas porque son confusas y cuando uno va a usarlas suele decirles que justamente lo que le pasa al producto no estaba cubierto», dijo Susana Andrada, titular del Centro de Educaciónal Consumidor. Según Consumer Reports, para algunos productos puede ser necesaria una garantía mayor como:
TV de pantalla plana: hay evidencia de que los televisores de LCD y plasma tienen mayores probabilidades de necesitar reparaciones durante los primeros tres años de uso. Aun así, generalmente es menos costoso pagar el arreglo que la extensión de la garantía.
Computadoras: son los artículos con mayor tasa de rupturas. El 43% de las notebooks de entre 3 y 4 años de antigüedad deben ser reparadas con un costo de entre u$s 100 y u$s 400. Ese tiempo suele exceder la cobertura de la garantía tradicional en la mayoría de los países pero también en casi todos los casos no cubre los daños más frecuentes como volcar algún líquido sobre el teclado.
Cámaras digitales: 10% de quienes compraron uno de estos artículos en los últimos años tuvieron problemas serios. Pero con ese porcentaje, la necesidad de tener una garantía extendida es baja. Sandra González, presidente de ADECUA, dijo que la experiencia que tienen en esa asociación confirma que es mejor no pagar de más por una garantía larga. «Quienes respaldan esas garantías son compañías de seguros que suelen tener cláusulas abusivas que generan costos altísimos», dijo.
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