21 de mayo 2002 - 00:00

Obvio: caen 70% remates y subastas

La Ley de Quiebras que suspendió las ejecuciones judiciales por 180 días y la incertidumbre acerca de su modificación, retrajeron 70% la cantidad de remates y subastas judiciales en relación con octubre de 2001.

Sin embargo, la modificación de la ley junto a la posibilidad que estudia el gobierno de permitir la compra de bienes registrables y del Estado con dinero del «corralito», podrían cambiar vertiginosamente esta situación.

La mayor parte de los remates está conformada por quiebras, ejecuciones prendarias -no alcanzadas siempre por la ley de suspensión- y finalmente ejecuciones hipotecarias, hoy congeladas completamente. Por lo que, según datos del sector, la mayoría de las subastas de abril y mayo corresponde a bienes de empresas quebradas, por caso inmuebles y maquinarias.

En contraposición a la fuerte caída, entre 75 y 80 por ciento de las subastas son exitosas, mientras que el año pasado el promedio de concreción rondaba 60 por ciento.

Es lógico que el nivel de compra haya aumentado ya que las bases (mínimo impuesto para adquirir el bien rematado) se pesificaron y de este modo el precio queda muy por debajo del dólar.

• Iliquidez

Lo llamativo es que este aumento se produce en un momento de iliquidez porque los pagos en los remates son en efectivo, con cheque certificado o cancelatorio y dejan fuera toda operación con dinero del «corralito».

Por otra parte, si se llegara a permitir nuevamente la compra de bienes registrables con dinero del «corralito» a través de cheques cancelatorios como ocurrió en diciembre pasado, habría una
notable reactivación en la demanda de remates y subastas.

«El Estado tiene maquinarias, autos e inmuebles, pero todavía no se especificó cómo va a ser la operatoria y de eso depende en parte que mejoren los remates», indicó un agente del sector.

Es que tal como estuvo planteada la compra de bienes con «corralito» hasta el 15 de abril pasado, sería imposible comprar en subastas con transferencias electrónicas.

Los bancos no transfieren el depósito hasta tanto no esté firmado el boleto de compra o la reserva y justamente
los remates funcionan al revés: primero se ofrece el dinero y luego se firma la escritura. Algunas entidades bancarias fueron todavía más exigentes y solicitaron al comprador la escritura firmada para transferir el plazo fijo, y si esta condición se repite, no se podría directamente pensar en comprar en remates.

Cabe aclarar que la caída en los remates no tiene nada que ver con una caída paralela en las quiebras, ni mucho menos en las moras incobrables prendarias o hipotecarias, sino que refiere a la imposibilidad de ejecutar, por ejemplo, un inmueble desde el 15 de febrero pasado cuando se promulgó la ley de suspensión.

«La ley de Quiebras modificó el plazo de 180 días hábiles a 180 días corridos. No se modificó el artículo 16, que es la inscripción a subastas judiciales referidas a vivienda única», indicó a
Ambito Financiero, José Luis Santagada, gerente de la Corporación de Rematadores y Corredores Inmobiliarios.

• Incremento

El problema es que no queda claro si esos 180 días corridos se cuentan desde febrero o a partir del día en que se aprobó la ley. De cualquier manera, una vez cumplidos esos 180 días, los remates y subastas se incrementarán con fuerza.

Según datos de la entidad, entre octubre y noviembre de 2001 se realizaban
40 remates diarios, de los cuales fracasaban un promedio de 15. Hoy, se están realizando entre 12 y 13 remates, de los cuales no se concretan 2.

De acuerdo al testimonio de
Eduardo Saravia, presidente de la Corporación el nivel de fracaso en las operaciones bajó debido a «que las bases son menores».

Por ejemplo, una casa que costaba u$s 100.000 hoy cuesta $ 100.000 más 30 o 40 por ciento, dependiendo del estado de la propiedad. Pese al recorte en la oferta,
la cantidad de gente que concurre a las subastas no mermó.

«Viene la misma cantidad de gente, aunque hay mayor concurrencia cuando hay una subasta en barrios de ingresos más altos que en más pobres», explicó Saravia.

Entre los compradores hay quienes aprovechan la baja en las bases pero también hay un importante target de acreedores hipotecarios, que acceden al bien sin mayores dificultades.

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