10 de febrero 2006 - 00:00

Otra fiesta que terminó abortada

Otra fiesta que terminó abortada
Lo que prometía ser la seguidilla de las dos mejores ruedas desde octubre del año pasado,súbitamente terminó siendo abortada en la última hora de operaciones sin que realmente mediara ninguna noticia significativa. Lejos quedaron los buenos balances (mejores que lo previsto) que difundieron Aetna y Prudencial (seguros), Marriott (hoteles) Coca-Cola, etc., el anuncio de que los pedidos de seguro de desempleo eran menores que lo esperado y de que las empresas incrementaron sus inventarios de insumos casi el doble de lo que se pensaba, la baja de las tasas y la caída del dólar (la suba del crudo a u$s 62,62 por barril y la del oro a u$s 568,1 por onza poco importaron). Cuando sonó la campana, el promedio industrial reducía lo que había sido una suba de 0,86% a 0,23% y quedó en 10.883,35 puntos. ¿Es lógico para quien está ganando 10% retirar parte de su dinero para colocarlo a 5%? Sí, pero sólo si al hacerlo obtiene ventajas adicionales (menor riesgo). Pero cuando -en instrumentos líquidos- la única diferencia es el tiempo, la idea resulta por lo menos absurda (es fácil armar otro instrumento sintético capturando la tasa de la primera alternativa mientras ésta está vigente y la de la segunda por el período restante), a menos que hablemos de compradores sujetos a distorsiones regulatorias.

• Motivos distintos

La moraleja, entonces, es obvia: quienes se presentaron ayer para comprar los renacidos bonos del Tesoro a 30 años no son los mismos que compran bonos a 2 años o certificados de depósitos a seis meses (los T30 pagan 4,654% anual; los T2, 4,659%, y los CD, 5%) y sus motivos al invertir el dinero tampoco son los mismos. Por lo tanto, el consejo es tener mucho cuidado al extrapolar conclusiones sobre la base de la "exitosa" colocación de los renacidos Treasuries a 30 años. ¿Pero la licitación de los nuevos bonos, fue exitosa o no?

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