Desde hace cuatro días, celebran los mercados la compra de bonos que realiza el gobierno. Pero más que la medida en sí, festejan las ganancias extraordinarias que se generan, superutilidades como las del campo, que tanto combaten los Kirchner. La bicicleta es simple: a primera hora, los operadores salen a comprar bonos, sabiendo que luego también lo hará el Banco Nación (es anuncio oficial). Llegado el momento, los privados revenden esos mismos papeles a un precio más alto, lógicamente. Hay osados que los mantienen otras 24 horas para liquidarlos aún más arriba. Generosidad del gobierno que, en promedio, está dejando ganancias de 2%, fruto de la decisión de bajar el riesgo-país a cualquier costo. Bien podría haberse efectuado la recompra en silencio, sin realizar ningún anuncio; la operación hubiera sido más barata. Pero el objetivo era otro: mostrarse como poniendo fin a la especulación. «El establishment financiero internacional», tal como lo definió Cristina de Kirchner el miércoles al embestir contra calificadoras, quedó agradecido.
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